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Los líderes políticos prefieren entrevistas de entretenimiento a debates serios. Eso indica qué líderes y qué sociedad tenemos
 
 





Red de Blogs Comprometidos, somos un grupo de blogueros españoles que utilizamos la RED para exponer, intercambiar y discutir, en torno a un doble ideario que se resume CRÍTICO Y REFORMISTA

Nuestro objetivo es poner en contacto a una serie de personas que comparten –a través del uso de Internet y de las redes sociales– esa necesidad de CRÍTICAR el estado actual de la democracia española, contribuyendo a crear un estado de opinión que mueva a los ciudadanos a exigir de los dirigentes políticos ciertas REFORMAS. 


a) CRITICAR la actuación de los protagonistas de la vida pública, denunciando los comportamientos inmorales: el abuso de poder, el despilfarro de fondos públicos o la corrupción en todos los ámbitos. Señalando –desde nuestros diversos puntos de vista y sin atender a la obsoleta dicotomía "izquierda/derecha"– los errores estructurales de nuestro modelo de organización (partitocracia, disgregación territorial, ineficiencia administrativa, falta de organismos de control y de separación de los poderes del Estado, etc.) 


b) Difundir la necesidad de REFORMAR ese sistema, derivado de la Constitución de 1978, con un espíritu regeneracionista y constructivo –frente a la alternativa revolucionaria que rechazamos–. Proponiendo cada uno nuestras pequeñas soluciones para esos grandes problemas a que nos enfrentamos (políticos, judiciales, sociales, legislativos, educativos, financieros), dentro de un debate civilizado, público y ciudadano.


Somos simplemente un grupo de ciudadanos que pretendemos que la clase privilegiada de nuestro país, es decir, los políticos, nos escuche y tome en consideración nuestras propuestas. Sabemos lo que viene, sabemos lo que debe hacerse, estamos dispuestos a compartir los sacrificios, pero no aceptaremos que seamos los ciudadanos anónimos, los sin voz, los únicos que carguemos con el peso de las dolorosas medidas que es necesario tomar. No tenemos demasiado claro que alguien nos escuche, no tenemos demasiada certeza de que alguna de nuestras propuestas sea implementada, no creemos, honradamente, que los políticos acepten asumir también los sacrificios a los que nos obligan a los ciudadanos, pero, al menos podremos decir a nuestros hijos, a nuestros amigos, a nuestros conciudadanos que algo hicimos, que lo intentamos, que tratamos de hacer oir nuestra voz, que tratamos de hacer llegar nuestro mensaje a sus destinatarios.

El universo #RED engloba actualmente a unas 130 personas con presencia en las redes sociales. El alcance de nuestras cuentas llega a unos 150.000 seguidores, aproximadamente.

Disponemos de alrededor de 55 blogs  que reciben en torno a 15.000 visitas diarias. 

Entre los miembros de #RED hay profesionales de todos los ámbitos: profesores, abogados, médicos, ingenieros, informáticos, empresarios... que publican diariamente en sus blogs, artículos de gran calado.

Actualmente, #RED es una plataforma con reconocimiento y prestigio, tanto en el mundo blogger como en las redes sociales, y nos sentimos satisfechos de seguir acogiendo cada día en nuestro seno a nuevos miembros que llegan para enriquecer nuestra plataforma.

El 1 de Enero de 2017 he puesto  mi cta. de Twitter el mensaje nº  68.200; estoy siguiendo a 2.536 y tengo 1.813 seguidores, desde el día 30 de Abril de 2012



  Os deseo lo mejor para el nuevo

 año 2.017, sobre todo SALUD y

 AMOR, para  que disfrutéis lo que

 podáis con vuestros seres queridos.

      ===============
 
Es una tradición reciente pasarse por el canal en el que Cristina Pedroche esté dando las Campanadas solo para ver con qué indumentaria se ha atrevido esta vez. 
SEGUIMOS UTILIZANDO LA IMAGEN FEMENINA COMO GANCHO, aunque en publicidad el lobby feministas lo ataquen. Pero T5 lo tiene claro... y esta chica explota su belleza...ahora que puedeNochevieja 2016: Tradición, amor y el bañador de la Pedroche



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AÑO NUEVO y además bisiesto

                   FELIZ 2016

¿ Para eso estudiaste ?

Blog de Diana López Varela

Qué difícil es avanzar cuando hoy en día, en un

 país supuestamente desarrollado, hay tantas

 mujeres empeñadas en demostrar una y otra

vez  que retroceder es lo único que les hace

 sentirse bien.

¿Qué se le debe pasar por la cabeza y, sobre

todo, por el estómago al saber que tiene que salir

semidesnuda en pleno invierno al lado de su

compañero de profesión vestido de traje para

 que la gente hable de ella ya  que su trabajo

 importa más bien poco a la inmensa mayoría? 

Y lo que es más grave aún, ¿por qué se siente tan

orgullosa de ello y se jacta otro año más de su

 estúpida hazaña? 

El problema no es que Cristina Pedroche enseñe las tetas, las bragas o lo que le de la real gana. El verdadero problema es que Cristina Pedroche hace de tonta del culo. Concretamente, de tonta del culo enseñando las bragas. Y de esos ejemplos tenemos demasiado en los últimos años: Patricia Conde, Pilar Rubio, Berta Collado o, en su versión más fina, Sara Carbonero. El marketing televisivo necesita de tontas del culo guapas dispuestas a enseñarlo todo por la gloria del pantallazo. Ellas ya se encargan de poner el altavoz en sus redes sociales regalando desnudos al mayor número de followers posibles.  Y eso, amigos, es muy peligroso. 

No se trata ya de mercantilización del cuerpo de la mujer –cosa obvia- porque tontos del culo también los hacen a ellos (“Quién quiere casarse con mi hijo”, “Adán y Eva”, “HMV”), sino, y por encima de todo, de un mal común a nuestro tiempo: el empacho de ego con el que estos personajes necesitan vivir cada día. Y el impacto que eso tiene en las personas que se encuentran al otro lado de las pantallas (adolescentes, en la mayoría de los casos) recibiendo esta sobredosis de tontos del culo hedonistas todo el puto día.

chico desnudo playa
No dudo de la inteligencia de esta chica, y no creo que enseñar las bragas exima a nadie de ser una persona lista. Lo que sí puedo hacer es analizar sus actos, porque lo que ella hace como ídolo de masas repercute en su público. Desde que la jovencísima Cristina apareciera en televisión allá por 2011 de la mano de una conocida cantera de tontas del culo, no ha dejado de interpretar el papel que tan lamentablemente diseñaron para ella por ser guapa. Lejos de reconducirse con los años, lo que la presentadora ha hecho ha sido explotar hasta la saciedad su imagen en pro de papeles de lo más casposos en televisión y radio. Los miles de seguidores que acumula en RRSS reciben cada día el regalo del visionado de su cuerpo y su intimidad expuestos como un bonito regalo de Navidad en el escaparate de una juguetería. 
Cientos de comentarios machistas y violentos (del tipo “quiero violarte”) se acumulan bajo cada foto junto a otros que juzgan su peso o sus habilidades profesionales. Todo eso no es más que el reflejo de lo que muchas mujeres sufren a diario en la calle: ser tratadas como pedazos de carne sobre la que todo el mundo tiene derecho a opinar.
Cristina, Miley y cada vez más chicas famosas, han picado en el anzuelo de que enseñarlo todo es sinónimo de transgresión. Mucho me temo que los selfies y los desnudos darán paso a una dolorosa travesía del desierto cuando todas ellas dejen de soplar las velas del patito. Y llegarán las nuevas hornadas para seguir haciendo lo mismo. El mensaje es claro: para qué coño estudiar pudiendo enseñar.

¿ Para eso estudiaste ? MILEY CYRUS
Obviamente, cada uno elige hacer con su cuerpo lo que le de la gana (para algo es suyo) pero la intrascendencia/banalidad con la que se trata la piel de uno mismo merece ser criticada. Es como si nuestro cuerpo ya no valiese nada. Sin embargo, cada vez vemos más noticias de chicas que son extorsionadas por alguien que accedió -en la mayor parte de los casos con consentimiento previo- a sus fotos íntimas. A veces pienso que lo que les lleva a hacer esto es una cuestión de inconsciencia, de infantilismo, o de puro ego, porque estoy convencida de que si la mayoría de esas chicas se encontrasen a solas en una habitación con las personas que están detrás de las pantallas se lo pensarían mucho antes de quitarse la ropa.
 
Otro de los problemas que acarrea la sobreexposición de cuerpos en las redes sociales es que crea el binomio perfecto entre belleza y falta de cerebro. Es una fórmula que a la televisión y al entretenimiento lleva años funcionándole. La inmensa mayoría de las mujeres bellas que aparecen en los programas y los videoclips cumplen el papel de comparsa y tonta-del-culo, lo que incide tanto en la autoestima de las chicas “feas”, como en la de las guapas que desean dedicarse al espectáculo.

Por supuesto, la belleza no está reñida con la inteligencia. Ni Ana Pastor, ni Mamen Mendizábal (o incluso Susanna Griso) tienen que hacer de tontas para salir en la tele. Y tampoco hay que ponerles una manta en la cabeza y obviar su belleza. Todas ellas en diferente modo han sabido priorizar su carrera profesional sobre su belleza, aprovechando también que el medio les es agradecido. Supongo que no es fácil lidiar con todo cuando tus compañeros hombres que se dedican a la información ni son guapos, ni son juzgados por ello.
Cuando Lena Dunhan sale desnuda en Girls (una y otra vez) no nos cuestionamos la inteligencia de Hannah porque el desnudo no está pensado para poner a nadie cachondo. La serie está dirigida básicamente a un público femenino, conocemos a la protagonista y sabemos que es una mujer con ambiciones. Lo que Lena busca es hacernos reflexionar sobre las muchas realidades del cuerpo de la mujer que rara vez se exponen más allá que de una manera puramente marginal. El autohomenaje que se hace Lena en casi todos los capítulos (teniendo sexo, duchándose o simplemente paseándose desnuda) no saca al espectador de la trama sino, más bien, lo pone en la piel de la protagonista.


22 Dic 2015

Ciudadanos y la violencia 

de género

·         ENRIQUE GIMBERNAT catedrático de Derecho penal de la UCM

La propuesta de Ciudadanos de reformar la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (LVG) ha desencadenado una catarata de críticas contra esta formación política. Pero sin razón. Según los principios a los que responde la LVG, como las amenazas y las lesiones o vías de hecho leves que se causan por un hombre contra una mujer, cuando están o han estado unidos en matrimonio, o están o han estado ligados por una relación similar de afectividad -aun sin convivencia-, son más graves que los mismos hechos cometidos por una mujer contra un hombre, aquellas conductas son castigadas más severamente, como delito, que estas otras que sólo son constitutivas de falta. Y lo mismo rige para las amenazas o coacciones leves: delito, si lo comete un hombre, y falta si la autora es una mujer, si entre ambos existe o ha existido una relación matrimonial o análoga a ésta. Después de la supresión de las faltas por la reforma del Código Penal (CP) de este mismo año, las conductas a las que me acabo de referir son tipificadas como delito menos grave, sancionado con pena de prisión, si las comete el varón, y como delito leve, castigado con multa, cuando la autora es la mujer.

"La propuesta del partido de Rivera de quitar la agravante penal ha desencadenado una catarata de críticas. Sin razón"

La razón de la distinta gravedad de un mismo hecho en función de si lo comete el hombre o la mujer reside, según la Exposición de Motivos de la LVG, en que, cuando es un hombre el autor, tales conductas han de considerarse siempre "como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres". Por su parte, el TC en sus sentencias -dictadas con el voto en contra de cinco de sus magistrados- dando respuesta a los numerosos juzgados y Audiencias Provinciales que habían acudido a él por estimar que ese distinto tratamiento penal afectaba al principio de igualdad, niega la vulneración de dicho principio, argumentando con "las altísimas cifras en torno a la frecuencia de una grave criminalidad que tiene por víctima la mujer y por agente a la persona que es o fue su pareja..., frecuencia [que] constituye un primer aval de razonabilidad de la estrategia penal del legislador de tratar de compensar esta lesividad con la mayor prevención que puede procurar una elevación de la pena", "altísimas cifras" de violencia machista que se insertarían en "ciertos parámetros de desigualdad tan arraigados como generadores de graves consecuencias".

En un artículo mío de 16 de junio de 2008, publicado en este mismo periódico, argumentaba con los tres siguiente ejemplos: el del marido que da un empujón a su mujer después de enterarse que ésta ha arruinado todo el patrimonio familiar en el casino de Torrelodones y el de que realiza la misma vía de hecho al llegar a su conocimiento que la madre del hijo de ambos lleva años abusando sexualmente de éste. Que ese empujón no puede reconducirse a machismo alguno difícilmente puede ponerse en cuestión, porque, si esa fuera la causa, entonces debería también explicarse con un inimaginable ánimo machista la misma conducta efectuada por la esposa si es ella la que reacciona de esa manera contra un marido ludópata o que satisface sus instintos pederastas con el hijo común. Que tampoco puede hablarse de "una manifestación de la situación de superioridad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres" cuando el autor del empujón es el marido liliputiense que agrede levemente a la esposa de 1,85 metros de altura y campeona de judo, no necesita de ulterior explicación. Y, sin embargo, e independientemente de las circunstancias del caso concreto, la legislación penal española 'no admite excepción alguna':

En estos ejemplos estaríamos ante tres manifestaciones de la violencia de género y la aplicación de los tipos agravados sería inevitable. Con ello se pone claramente de manifiesto que esta desafortunada LVG vulnera la presunción de inocencia, el principio de igualdad y el de responsabilidad personal.

"La Ley en vigor ha puesto a disposición de la mujer un instrumento de poder casi omnímodo"

Vulnera el principio de presunción de inocencia, porque, 'sin que se admita prueba en contrario', reconduce todas las vías de hecho y las amenazas leves de un hombre sobre su pareja o ex pareja sentimental femenina a un ánimo machista, a pesar de que -y lo demuestran los tres ejemplos que acabo de mencionar y otros muchos que pudieran darse en la realidad- no siempre es ese ánimo el que ha generado la reacción del varón. La LVG lesiona también el principio de igualdad, porque, en primer lugar, si la conducta masculina no tiene nada que ver con la violencia machista, carece de toda justificación que el mismo comportamiento reciba una pena superior cuando la ejecuta un hombre que cuando lo hace la mujer; y, en segundo lugar, porque equipara la pena de las lesiones y amenazas y coacciones leves, ejecutadas por varones, que tienen su origen en la relación de superioridad de hombre sobre la mujer con aquellas otras en las que no es éste el caso. Finalmente, la LVG vulnera también el principio de responsabilidad penal personal, porque, por ejemplo, en los tres casos anteriormente mencionados, al varón se le hace responder por los tipos agravados, no porque él haya actuado aprovechándose de "la situación de superioridad de los hombres sobre las mujeres", sino porque existen 'muchos otros hombres' -"una altísima cifra", en palabras del TC- que lo hacen, como, por ejemplo, el marido celópata que lesiona o amenaza levemente a su mujer; pero en el Derecho penal democrático la responsabilidad es personal y si, en el caso concreto, la conducta del autor no está motivada por el machismo, no se le puede tratar "como si" lo hubiera estado, simplemente porque en muchos otros hombres sí que concurre esa motivación cuando realizan la misma conducta.

Por lo que se refiere a la aplicación de la LVG en los procedimientos de separación y de divorcio, muchas veces envenenados por el odio y los deseos de revancha entre ambos cónyuges, así como por el deseo de obtener todo tipo de ventajas en el procedimiento civil, como las que se refieren a la guardia y custodia de los hijos -hijos que frecuentemente se instrumentalizan por alguno de los cónyuges para vengarse del otro- o a limitar, vengativamente también, el régimen de visitas del marido presunto violento de género, la LVG ha puesto a disposición de la mujer un instrumento de poder casi omnímodo. Y cuando se concede ese poder absoluto, en ocasiones es difícil resistir la tentación de abusar de él. En contra de la filosofía de la LVG, hay que decir que ni todos los hombres son unos canallas ni todas las mujeres justas y benéficas, sino que reside en la naturaleza humana que esos defectos y esas virtudes estén repartidos por igual entre ambos sexos. La mera denuncia de la mujer de que ha sido objeto de unas vías de hecho o de unas amenazas leves por parte de su pareja masculina, desencadena automáticamente la detención policial y el ingreso en los calabozos por uno, dos o tres días del varón denunciado, quien suele ser puesto en libertad en el momento en que pasa a disposición judicial; detención policial que se practica sobre la única base del testimonio de la mujer, sin que tenga que fundamentarla en prueba testifical o documental alguna ni en la aportación de informe forense de ninguna clase, y todo ello, a pesar de que, según la jurisprudencia, a la declaración de la mujer debería otorgársele una credibilidad limitada cuando, como sucede en ocasiones, obedece a motivos espurios o de enemistad presentes en relaciones sentimentales actuales o pretéritas que han acabado naufragando.

 Experimentados abogados y abogadas matrimonialistas -y para evitar denuncias sin fundamento- recomiendan a sus clientes masculinos que no se entrevisten con sus esposas si no es en presencia de testigos o, si lo hacen a solas, que lo hagan portando grabadoras ocultas a fin de contrarrestar eficazmente, mediante ese documento sonoro, eventuales denuncias por vías de hecho o amenazas leves que nunca han acontecido en la realidad.


17 Dic 2015

Ciudadanos se queda sin resuello ... ¿?

Cualquiera puede comprobar entrando en la página de El Periódico de Andorra que Ciudadanos está perdiendo una parte considerable de sus apoyos, hasta el punto de pasar de soñar con ser segunda fuerza a quedarse inequívocamente en cuarta. ¿Qué es lo que está ocurriendo? Para empezar, hay que tener en cuenta que el votante de Ciudadanos que es exelector del PP suele ser un votante muy crítico que, consciente de ser de derechas, está dando el voto a un partido que no lo es.

Y, como le ocurrió a UPyD, a la más mínima decepción, lo abandona. 

Y motivos para desilusionarse ha habido. Es así porque Ciudadanos ha querido por mor de seriedad ser concreto en su oferta. Mientras los otros disfrazan de propuestas lo que no son más que fábulas y omiten la inconfesable letra pequeña, Ciudadanos no para de hacer proposiciones realistas que, por realizables, asustan más a quienes disgustan. Así, Ciudadanos renunció a obtener ni un voto en el País Vasco y en Navarra oponiéndose al cupo, sin que algo tan coherente con el principio de igualdad de los españoles ante la ley haya despertado ningún entusiasmo en el resto de España. Tampoco tuvo la picardía de limitar sus propuestas sobre violencia de género a las banalidades que dicen todos relativas al incremento de medios en el corto plazo y a las campañas de educación en el largo. Allí donde propone subir un impuesto, el elector de derechas se enoja sin ver que a la vez pretende bajar otros. Se examinan las propuestas de Ciudadanos con un rigor extremo a la vez que se olvidan los muchos incumplimientos del PP.

 

Por otro lado, las agresiones verbales y físicas de las que ha sido objeto Rajoy han despertado en su favor las simpatías de electores que, por mucho que estuvieran inclinados a votar a Ciudadanos, son del PP de toda la vida. No sólo, sino que crezca la probabilidad de un Gobierno PSOE/Podemos, por lejos que todavía esté, anima a dejarse seducir por D'Hondt y votar a regañadientes al PP. Mucho más después de ver de qué son capaces de hacer los podemitas en Madrid y Barcelona a ciencia y paciencia de los socialistas.

 

Sin embargo, creo que hay dos argumentos que todavía juegan a favor de Albert Rivera, por más que éste no los explote en esta recta final de campaña. El primero es que Ciudadanos es el único partido que defiende que el Poder Judicial sea genuinamente independiente, algo indispensable para combatir la corrupción y que pone en evidencia que los demás no quieren en realidad acabar con ella. El segundo es que es el único partido que defiende de verdad la unidad de España. Y esto no es sólo un punto del programa que podrían luego defraudar. Esto lo han demostrado donde más difícil era porque la han defendido en el lugar donde más amenazada estaba, en Cataluña. No entiendo por qué no encuentran el modo de resaltarlo.


13 Dic 2015

Violencia contra las mujeres: una cuestión de Estado

12-12-2015 | El Mundo 

En las grandes naciones, ante los momentos difíciles y en los grandes temas de Estado, los ciudadanos y los partidos se unen grandes naciones, ante los momentos difíciles y en los grandes temas de Estado, los ciudadanos y los partidos se unen, dejan de lado sus intereses particulares y ponen por encima los intereses del país. La sociedad española no puede soportar los centenares de mujeres asesinadas. Esta situación es intolerable y los poderes públicos tenemos la obligación política y moral de combatir este drama. No podemos perder ni un minuto más; ha llegado la hora de poner por delante lo que nos une frente a lo que nos separa y actuar conjuntamente, sin fisuras, sin complejos y sin partidismos. 

Cuando matan a una mujer no lo hacen en función de su ideología, porque la violencia de género no entiende de colores políticos, es violencia contra todas las mujeres, y un ataque a los valores de nuestra sociedad. 

Lo que nadie se merece es que un drama como éste acabe convirtiéndose en arma arrojadiza que persiga la rentabilidad electoral. Porque los asesinos no matan en función de un calendario electoral, ni los partidos podemos utilizar esta tragedia para atacar a los demás a costa de algo tan sagrado como la vida de nuestras madres, hermanas, hijas o amigas. Algo estará fallando en nuestra sociedad cuando, ante un problema como éste, no somos capaces de dejar a un lado los intereses electorales y ponernos a trabajar juntos. 

Ciudadanos propone elevar a categoría de política de Estado la lucha contra la violencia de género a través de un gran pacto nacional en el que partidos, asociaciones, agentes sociales, servidores públicos y el conjunto de la sociedad civil nos unamos para buscar soluciones. E incluso es bueno que reconozcamos que a pesar de que se han hecho esfuerzos y se han logrado avances, aún podemos hacer mucho más. Desgraciadamente, se nos presenta una nueva ocasión para demostrarnos que cuando maltratan a una mujer nos están atacando a todos. 

Debemos acabar con este problema con medidas urgentes y trabajar también en el medio y largo plazo a través de la educación y la concienciación social para que la sociedad acabe de asumir como propios los valores de igualdad y respeto. 

No podemos permitir que personas con antecedentes penales por violencia de género sigan matando aprovechándose de grietas que existen en el sistema. No puede quedarse una sola denuncia de ninguna mujer en el cajón por errores burocráticos o por falta de coordinación. Hay que invertir más recursos para garantizar que la Administración de Justicia y los cuerpos de seguridad puedan realizar su trabajo con eficacia. Si hay un tema en el que no podemos escatimar esfuerzos es en de la protección de las mujeres. También debemos reaccionar con la máxima rapidez reforzando las medidas cautelares para que la mujer quede protegida desde el primer momento. 

El drama que padecen muchas mujeres es que, además de sufrir el maltrato, no pueden abandonar su domicilio y huir de la pesadilla que viven por una situación de dependencia económica, que en muchos casos afecta también a los hijos y a la familia. La falta de recursos económicos no puede ser un obstáculo para que esas mujeres puedan tener una vida digna y segura. Debemos garantizar una vivienda y el sustento económico suficiente para quienes se encuentren en esta situación, porque el miedo y la falta de recursos no pueden condicionar la libertad y la seguridad de estas mujeres. 

Nuestra sociedad abierta y plural exige que las soluciones que pongamos en marcha se hagan sin excluir a nadie y garantizando la igualdad de todos. Los derechos que queremos proteger tienen que adaptarse a las diferentes formas de familias sin discriminar a nadie. Proponemos, además de mantener las penas actuales para aquellos que maltratan a las mujeres, extender el agravante penal de la violencia contra las mujeres a todos los casos de violencia doméstica como, por ejemplo, la violencia entre parejas del mismo sexo. 

Todas estas medidas urgentes e imprescindibles serán insuficientes si no se actúa también desde el punto de vista de la prevención. Hay que atacar el problema ahora y sobre todo pensando también en las futuras generaciones. Muchas veces las enfermedades de las sociedades son el reflejo de su baja calidad en valores civiles y sociales, como la convivencia y la igualdad. La educación y la concienciación social son un pilar central para acabar con este drama. 

Es fundamental educar a nuestros hijos en la escuela, en los hogares, en los medios de comunicación y en toda nuestra comunidad en valores de igualdad y respeto que prevengan las conductas machistas y la violencia. Porque muchos de los problemas mas graves de una nación se empiezan a combatir desde la educación. 

Los que además de ser ciudadanos somos también padres, y en mi caso padre de una hija de cuatro años, estamos convencidos de que queremos que nuestras hijas puedan vivir en un país donde la igualdad, la libertad y la seguridad no sea necesario reivindicarlas, sino que simplemente sean una realidad. El día que eso pase en España le habremos ganado la batalla al miedo, a la violencia y a la discriminación. Mientras llega ese día, no podemos dejar de luchar ni un minuto entre todos por la dignidad y la memoria de las mujeres que han sufrido y de las que han sido asesinadas, por la igualdad y la seguridad de las que hoy sufren, y por la libertad y el futuro de nuestras hijas.

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Nos movemos en un clima de

mediocridad, en el que con

 demasiada frecuencia los dirigentes

 se emborrachan de

 autocomplacencia y renuncian  

 a su misión de marcar rumbos 

 certeros y aspiraciones más

 elevadas. 


Hace cien años se encontraba José Ingenieros en pleno proceso de producción de su brillante ensayo sobre la mediocridad, publicado en Buenos Aires en 1913. He estado releyendo en estos días las exquisitas páginas de esa obra y debo confesar que me asombra su vigencia para comprender mucho de lo malo que pasa y de lo bueno que no llega a ocurrir en este mundo nuestro, tan necesitado y tan huérfano de líderes con carácter y hondura de pensamiento.

Con la excepción de algunos ámbitos, cada vez menos, donde todavía puede florecer el pensamiento, la mayoría de las universidades latinoamericanas se han convertido en maquiladoras de diplomas académicos dispensados a jóvenes que muestran poca pasión por el conocimiento.


Los avances tecnológicos han derribado casi todos los límites que existían a la comunicación y al aprendizaje autónomo, pero las grandes masas de usuarios de esa tecnología se conforman con expresar ocurrencias o maldiciones en menos de 140 caracteres y compartir imágenes, anécdotas triviales, comentarios superficiales, cápsulas de pensamiento atribuidas sin verificación a alguna celebridad, adhesiones o rechazos apasionados a máximas religiosas o propaganda política y porras a ídolos y equipos del gran negocio deportivo mundial.


En la era de los gobiernos mediáticos, los presidentes y altos funcionarios del aparato estatal invierten mucho tiempo y dinero en el cultivo de imágenes y apariencias, ocupándose cada vez menos en pensar soluciones reales a los problemas que agobian a una población cada vez más desencantada de la clase política.

En “El hombre mediocre”, José Ingenieros observa que son raros los momentos cuando la pasión caldea la historia y se exaltan los genios, lo cual ocurre únicamente cuando las naciones se constituyen o se renuevan. El resto del tiempo es de acomodamiento y mediocridad, épocas en las que “florecen legisladores, pululan archivistas, cuéntanse los funcionarios por legiones: las leyes se multiplican, sin reforzar por ello su eficacia”.


Y continúa diciendo: “Las mediocracias negaron siempre las virtudes, las bellezas, las grandezas, dieron el veneno a Sócrates, el leño a Cristo, el puñal a César, el destierro a Dante, la cárcel a Galileo, el fuego a Bruno; y mientras escarnecían a esos hombres ejemplares, aplastándolos con su saña o armando contra ellos algún brazo enloquecido, ofrecían su servidumbre a gobernantes imbéciles o ponían su hombro para sostener las más torpes tiranías”.

Espero que la sociedad salvadoreña no esté aproximándose a esos extremos, pero pocas dudas caben de que nos movemos en un clima de mediocridad, en el que con demasiada frecuencia los dirigentes se emborrachan de autocomplacencia y renuncian a su misión de marcar rumbos más certeros y aspiraciones más elevadas. Un clima de mediocridad en el que la sociedad se vuelve apática, escéptica o condescendiente.


Un ejemplo de ello es el juicio favorable de una mayoría de ciudadanos a la gestión educativa del gobierno, basándose únicamente en la donación de uniformes y útiles escolares. Unos connotados periodistas dijeron en un programa radial, la semana pasada, que los que se oponen a esa medida asistencialista lo hacen porque, desde sus oficinas con aire acondicionado, no pueden comprender la necesidad de la gente.

No fueron capaces esos periodistas de introducir siquiera algún elemento de crítica en términos de la necesidad real de los que reciben ese subsidio no focalizado, que a cada familia le supone ahorro solo de unos pocos centavos cada día, pero al Estado le supone una erogación de 75 millones de dólares anuales. No fueron capaces siquiera de mencionar las urgentes necesidades educativas desatendidas por la decisión de emplear de esa forma el dinero disponible. No quisieron señalar que la medida es costosa y tiene un impacto nulo en la asistencia de los niños a la escuela y en la calidad de la educación que reciben.

Y así podríamos citar muchos ejemplos que muestran cómo gobernantes, ciudadanos (no todos, gracias a Dios) y algunos líderes de opinión renuncian a pensar, rehúyen el debate, rebajan las aspiraciones y contribuyen al clima de mediocridad que nos impide alzar vuelo.

Hemos entrado ya a la etapa de selección de los candidatos que buscarán la presidencia en las elecciones de 2014. ¿Sería mucho pedirles a los partidos que nos propongan verdaderos líderes, con visión, rectitud y carácter?




Jaime Miquel: "Los poderes reales saben que hay que salvar el sistema, no el orden del 78"

Entrevista al autor de 'La Perestroika de Felipe VI'

Conocer la estructura profunda de la realidad es una de las aspiraciones del hombre desde la noche de los tiempos. El cerebro humano está tan preparado para identificar patrones que la magia, la religión, la superstición o la influencia de los posos de café en el destino de los hombres no son más que excesos de ese terco empeño de nuestra mente por localizar patrones incluso donde no los hay. Sin embargo, las estaciones, el ciclo lunar o las mareas son algunos de los patrones identificados que resultaron ser correctos y han ayudado a la humanidad en su progreso material. Ante un momento de cambio en el ciclo político como el que vive España —dentro de un marco de transformación profunda de las democracias occidentales—, los partidos políticos clásicos se han visto desbordados por una realidad que no han comprendido ni procesado, y tratan de buscar en el anterior ciclo bipartidista patrones que diluciden lo que ocurre y anticipen lo que pasará. La perestroika de Felipe VI (RBA), del investigador de comportamientos electorales Jaime Miquel (Madrid, 1959), es el más elocuente mapa (Miquel es geógrafo de formación) hasta la fecha para orientarse en lo que ha pasado desde 2010 y en lo que puede ocurrir este mismo año en que tantas cosas están cambiando. Y es también acta notarial de un periodo de la historia de España que fenece y otro que principia. Pese al ímpetu de sus afirmaciones, Jaime Miquel habla muy quedo, con una voz tan grave y profunda como los incontestables datos que apoyan las cosas que dice.

 

Usted refleja en el libro que el cambio de ciclo político, que se inicia en 2010, ha pasado inadvertido a los políticos del bipartidismo. Sin embargo, antes incluso del 15M, hubo signos claros de una brecha político-generacional en sistema de representación, como la aprobación de la llamada Ley Sinde: un 85% de la cámara votó a favor. Ya entonces , meses antes del 15M, este diario subrayaba que tal grado de apoyo evidenciaba un cisma entre la sede de la soberanía y los representados.


Desde el análisis demográfico se ve que ha habido una disociación completa, hay dos mundos, uno antiguo, clavado en el siglo XX, el de mi generación, sin estudios o con estudios primarios, crecido en la posguerra o la autarquía, cuya cultura política es posfranquista y que son idiotas de lo público. Lo que está muriendo es ese posfranquismo, que es una determinada interpretación de la acción política, predemocrática y precapitalista.
 

Usted sostiene que en estos 40 años de democracia, el elector, según los sondeos, ha asimilado como cierto que el consenso del 78 fue un pacto de las élites políticas y financieras para prorrogar su hegemonía en un nuevo marco.
Cierto.

¿Y cree que la ruptura de ese consenso se debe más a la revolución de las comunicaciones o a la crisis económica?

A todo ello. Es el agotamiento de un sistema que es inviable en el primer mundo al que queremos pertenecer: niveles intolerables de corrupción, sustracción continua de dinero público y una desigualdad muy distinta de la francesa. Con un PIB per cápita no tan distinto (31.000 dólares al año frente a 35.000 más o menos), el 20% que más gana en España gana 7 veces más que el 20% que gana menos, mientras que el 20% que más gana en Francia gana sólo 4,5 veces más que el 20% más pobre. Por un lado está la crisis y el desahucio de la mejor generación, de los mejor formados, de los que han tenido becas, de los que han tenido recursos para estudiar, en unas circunstancias incomprensibles para ellos: ¿Cómo es posible que de repente se esfume todo? ¿Sobre qué bases se estaba construyendo nuestra sociedad, nuestro bienestar? Pero también, por otro lado, la revolución tecnológica y de los materiales de finales del siglo XX produjo la red, que es una revolución tecnológica, pienso, de mayor impacto que la revolución industrial porque finalmente significa, por ejemplo, el poder financiero global: manejando precios de materias primas desde un despacho haces diferenciales en ese mundo global. Y también supone la socialización del conocimiento y la intercomunicación de todos, y lo que Manuel Castells llama “la autocomunicación social”. El ciudadano dispone de su propia información, produce su propia información, que es desinteresada, y rompe el monopolio de la verdad. Y ese es un factor decisivo por lo que respecta al mercado electoral. Porque, ojo, la cuestión de la representación es un mercado.

 

Llega a decir en el libro que con esta ruptura del monopolio de la verdad se cierra la prehistoria.
Sí. La sociedad humana se pone en contacto consigo misma sin mediadores y evoluciona de una forma distinta, de una forma pluridisciplinar cierta. La jerarquía científica e institucional se desdibuja, empiezan a aparecer individuos no jerarquizados pero expertos, que además son expertos en materias que están a caballo de distintas disciplinas. Este fenómeno es grandioso, finalmente nos reunimos los que pensamos y trabajamos en las mismas cosas, nos conocemos, nos intercambiamos la información y todo eso produce, pienso, una aceleración de todos los procesos de investigación y de conocimiento.

 

Estos cambios, sostiene usted, han afectado mucho a la metodología de las encuestas electorales, que por primera vez están fallando.


Es sencillo. El comportamiento electoral está cambiando profundamente. Del 2010 al 2011 ya vimos la desmovilización masiva y continuada del electorado del PSOE, y lo vimos como algo cierto que iba a tener un reflejo en la representación política. Yo me pasé el 15M en Sol estudiando aquello y ya veías que la generación más joven lideraba a las precedentes. Allí, la gente joven hablaba y enseguida los viejos se les abrazaban. Veías una sintonía generacional, dirigida por los jóvenes. Y de inmediato, desaparecieron los votos del PSOE. En 2011 ganó el PP y luego, a partir del 2012, todos los jóvenes del PP también se desmovilizaron.

 

De esto no se ha hablado apenas. De lo que ocurrió con el voto del PP desde que gana a finales de 2011 hasta las elecciones europeas. Usted subraya que es un desplome sordo, que se produce apenas seis meses después de llegar al gobierno y que es de naturaleza similar al que dos años antes sufrió el PSOE.
Idéntico. Todo se les fue de las manos. Como no hubo elecciones, no oímos hablar de ello. Sólo hubo comicios autonómicos, donde ya se podían extraer conclusiones sobre lo que estaba pasando. Pero en 2013 no hubo elecciones, los periodistas sólo tenían en la cabeza porcentajes de votos válidos y escaños, con lo cual la desmovilización les pasó inadvertida. Aunque hubieran votado mil personas, se repartiría en porcentajes y los periodistas seguirían analizando esos porcentajes porque asignan escaños. El sistema se estaba hundiendo y los creadores de opinión no se estaban enterando de nada. Ellos no tienen por qué ser especialistas, pero las empresas de sondeos sí deberían haberlo visto.

 

Pero no era tan difícil de ver. Las redes sociales y los agregadores de noticias revelaban desde mucho antes que había una agenda informativa emancipada de la de los medios convencionales que reflejaba una sociedad emergente que no se sentía representada en el sistema político.

Esa fue la semilla del “no nos representan”


Sí, claro. Eso es la autocomunicación ciudadana. Se empieza a producir una información ciudadana —que completa la de los medios— donde hay informaciones desinteresadas que producen una verdad más cierta. Y se empiezan a decidir votos en la red. Pero eso ya lo vimos en la campaña de Compromis de 2011. Trabajando con ellos, vi que había que hacer un Youtube de impacto con Mónica Oltra y reventar. Y así sucedió y entró Joan Baldoví con eso. A lo que iba, respecto al fallo de la metodología: si hay incertidumbre porque hay mucha gente que no sabe qué va a votar, que se ha desmovilizado o no piensa votar, los porcentajes no sirven. Las técnicas de las empresas están pensadas para producir muchas estimaciones en periodo electoral sobre un procedimiento que funcione. Tienen que resolver diez o doce estudios a la vez y eso significa hacer cientos de estimaciones en muy poco tiempo. La técnica al uso es de desviación porcentual de una variable de comportamiento conocido: “A quién votó usted en las últimas elecciones”. Al PP en 2011 lo votó el 44%, pero en encuesta te responden haberlo votado el 23%, hay una desviación de 20 puntos. En las preguntas “a quién votó” y “a quién va a votar usted”, el “no contesta” se asigna a los partidos subrepresentados respecto a la variable de control (las anteriores elecciones) hasta que gastas todo el “no contesta”. Ese método venía funcionando con tasas de incertidumbre razonables, un 13%, un 15%, pero cuando te vas a tasas más altas, si aplicas esa técnica sobrecorriges los datos de los partidos que están perdiendo muchos apoyos. Esa es la técnica más extendida porque es la más rápida para producir estimaciones y venía siendo suficientemente fiable. Pero ha fallado y eso obliga a proceder de otra forma. Necesitas reducir la incertidumbre. Hay que dejar de considerar los “no contesta” como indecisos. Todo aquel que no te dice qué es lo que hizo y qué es lo que va a hacer es un “no informante”, no un indeciso.

Es decir, su método consiste en sacarlos de la encuesta, como una entrevista no hecha.
Los saco de la muestra que analizo porque los que informan al menos de qué votaron ya son todos clasificables. Y se hace la equivalencia a los que fueron. Si el 50% de los que votaron al PP te dice que van a votar al PP, es la mitad de los 10 millones de votos restándoles las defunciones. Si luego tienes unos PSOE que van a votar al PP, un 10%, son unos 700.000. Así sumas y ya tienes un resultado en número de votos. ¿Cuál es la dificultad de la técnica? En el libro digo de ella lo que decía Casey Stoner de su Ducati…

Sí, “es difícil hasta para salir de boxes”.
Eso es: hay que hacer una estimación de la tasa de participación y eso exige conocer el ámbito de elección. Ya no es que la técnica, con dos variables, permita una estimación. Eso ya no funciona: si estás ante elecciones autonómicas, hay que considerar qué tasa de participación razonable se puede dar, usando los antecedentes.

Todo esto de lo que hablamos, produce un nuevo eje político que no es izquierda y derecha, o en los casos catalán y vasco, soberanistas contra unionistas, sino viejas estructuras de lo que llama usted posfranquismo, lo que incluye al PP, al PSOE y a IU, frente a nuevas formulaciones políticas. Por eso Podemos trata de evitar los procesos asamblearios o las plataformas que tan tristes resultados le han dado a IU en su historia.
Cierto.

Y uno de los beneficiados de la ruptura es Ciudadanos, que recoge el voto de UPyD, que deja de ser visto como renovación.
Le explico lo de Rosa Díaz, que he estado en esos ajos. En octubre de 2014 la suma del PP y el PSOE no alcanzaba los dos tercios de la cámara. Los dos eran muy pequeños, y ya había irrumpido Podemos, así que PP y PSOE ya no sumaban. En cuanto esto sucede, tengo los números y hablo con los poderes reales, en abstracto, para avisar de la situación: se están produciendo cambios muy profundos, estamos en la antesala de un proceso constituyente porque atañe a todo el orden institucional. El lado izquierdo del sistema no preocupa porque está Podemos, que es a la larga reemplazo del PSOE, pero el lado derecho sí, porque el PP va al espacio Le Pen, al lugar de la refundación, votado sólo por los más mayores (casi la mitad de sus votos son ya mayores de 65 años), y Rosa Díez y Rivera cada uno por su cuenta no van a meter escaños suficientes, 20, 25 o 30, que pudieran ser 60, 80 o 100 en el medio plazo. Eso es lo que hay que asegurar, la representación de un electorado conservador joven que ha salido del PP. Por eso había que hacer que Rivera y Rosa Díez se unieran. ¿Por qué? Pues porque en el negocio de los votos, sin Catalunya no eres nadie. Y nadie significa nadie. Tienes que tener un partido de ámbito estatal para ser alguien en este negocio.

Que se lo pregunten al PSOE.
Exacto, el PSOE le sacaba 15 a 17 escaños de ventaja al PP en Catalunya. La ventaja del PSC era decisiva. Estos poderes reales de que le hablaba propician ese encuentro entre Rosa Díez y Albert Rivera, y ahí descubrimos que Rosa Díez lo ve de otro forma. Ella se cree perfectamente consolidada en Madrid y que Rivera no podrá dar el salto sin ella. Bueno, responde a una cierta interpretación de la política.

Pero era cierto…
No. Javier Nart ya le había colocado en las europeas ciento y pico mil votos en Madrid sin pedir permiso a nadie, que eran suyos. Ella tenía porcentajes muy interesantes, pero no estaba consolidada como creía.

Bueno, la volatilidad es otra de las novedades que se han introducido en el sistema. Así que es razonable que ella, que pertenece a la generación del bipartidismo, creyera que su situación era mejor de la que era.
Puede ser. Viene Rivera a pactar, porque él sí que quiere pactar, y ella lo recibe diciéndole que modere sus expectativas, desde la convicción de que UPyD ya es un partido instalado en España. Rosa Díez dice que no pacta, que a ella Rivera no le va a suponer problema y ahí, en el mismo mes de octubre de 2014, firma su defunción. Porque este es un problema de subsistencia, una situación gravísima en la que hay que colocar como sea esos treinta diputados. Como sea, porque si no, se nos hundirá el sistema y estaremos en las mismas, en este caso, por la no representación de millones de personas que son liberales conservadoras. A partir de ahí, vimos cómo Rivera empezó a aparecer en los medios, a tirar y tirar, y en el mes de febrero ya estaba en las encuestas, ya estaba en toda España.

 http://www.lavanguardia.com/libros/20151023/54438320035/jaime-miquel-salvar-el-sistema-orden-del-78.html



el debate pablo iglesias - albert rivera 

alejo vidal-cuadras

El amigable café con leche servido en vaso y compartido por Albert Rivera y Pablo Iglesias en un humilde bar de barrio ha roto moldes y en su aparente sencillez ha sido una demostración palpable de que entramos en un tiempo nuevo en el que no sólo una forma de entender la comunicación política va a quedar enterrada, sino todo un sistema institucional y unos hábitos viciados de conducta por parte de los representantes públicos. Lo que vimos fue a dos hombres jóvenes, sin ninguna experiencia de gobierno ni carreras profesionales, académicas o empresariales dignas de mención a sus espaldas -el uno un oscuro profesor no numerario de ciencia política, el otro un ex-empleado de La Caixa de nivel medio- departiendo amigablemente sobre los problemas de su país y sobre las medidas que a juicio de cada uno de ellos deberían aplicarse para resolverlos. Ni un gramo de grandilocuencia, de altura conceptual o de erudición impactante, como tampoco de agresividad, prepotencia o arrogancia. Simplemente, una conversación tranquila, es decir, un intercambio de opiniones e ideas carente de tensión en el que se contrastan pareceres y se contraponen argumentos de manera cortés, transmitiendo la sensación de que después los dos se volverán a sus quehaceres y tan amigos. La novedad de este encuentro fue precisamente la absoluta ausencia de dramatismo, tan distinta de la animosidad impostada y las frases pretendidamente lapidarias con las que los líderes de los viejos partidos se fustigan en el parlamento o en los rituales debates televisivos durante las campañas electorales.

Dos tipos normales, uno radical y con coleta, el otro centrado y capilarmente aseado, uno más dogmático y utópico, el otro más flexible y realista, uno inclinado a las recetas colectivistas, el otro comprometido con la libertad, uno hostil a la actividad empresarial privada, el otro consciente de que son las empresas las que crean la riqueza y el empleo, uno empeñado en redistribuir sin pensar de dónde saldrá el dinero, el otro sabedor de que para repartir primero hay que generar los recursos necesarios, dos arquetipos de su generación en nuestra sociedad, dividida entre progres adheridos a los tópicos de la izquierda, antiglobalización, ecologismo, antiamericanismo, anticapitalismo, nacionalizaciones y demonización de los ricos, y liberales sensatos con inquietud social, carentes de prejuicios ideológicos y dispuestos a fomentar el trabajo, la innovación, el esfuerzo y la excelencia. Y ambos convencidos de que el llamado régimen del 78 necesita un saneamiento a fondo y de que la partitocracia corrupta que hoy nos aflige ha de convertirse en una saludable democracia constitucional, verdaderamente participativa y representativa, con gobernantes honrados y una separación de poderes auténtica.

Hace años que vengo anunciando que la cuádruple crisis que hemos atravesado y que todavía colea, económica, institucional, moral y de unidad nacional, cambiará drásticamente el mapa político, que los grandes partidos clásicos desparecerán o verán muy mermados sus apoyos y que surgirán figuras y opciones insospechadas hace un lustro. Los acontecimientos me están dando la razón y la relajada, casi intrascendente, charla emitida el pasado domingo en el bar del Tío Cuco en Barcelona, queda sí erigida en símbolo de un fin de época y del inicio de un período de nuestra historia que por supuesto no sabemos qué dará de sí y adonde nos conducirá, pero que sin duda dejará atrás a unas elites enquistadas en el poder que hicieron del saqueo del presupuesto su modus vivendi y que han enfangado la vida nacional hasta extremos de sonrojo. Aunque fuera únicamente por esta labor de limpieza, sean bienvenidos los grandes cambios que un apacible cambio de impresiones en torno a una mesa sin mantel expresó mejor que cualquier discurso antológico ante una multitud enfervorizada. 

21 OCTUBRE 2015

Por qué España no es una democracia

Antonio García Trevijano

 Por varias causas concatenadas  cuyos eslabones  históricos nos dan la perspectiva de la singularidad española en el contexto europeo.  Pero antes de sopesar la cadena que retiene a los españoles en la servidumbre voluntaria, conviene saber a qué nos referimos con la palabra democracia, un vocablo que tiene dos significados, dos dimensiones y dos valoraciones distintas.  La democracia política o formal y la democracia social o material. Aquella se define por la naturaleza no ideológica de las reglas de juego garantistas de la libertad política. Ésta, por la extensión del campo de aplicación de la igualdad social. 

La democracia política puede ser definida científicamente por sus dos requisitos sine qua non: sistema representativo de la sociedad civil y separación en origen de los tres poderes estatales. El primero lo cumplen en Europa solamente Suiza, Francia y Gran Bretaña. El segundo, Suiza y a medias Francia, pues su  Gobierno presidencial, necesitado de la confianza de la Asamblea legislativa, no realiza la separación de poderes.

Acabadas las experiencias socialistas en Europa oriental, la democracia social ya no indica un Régimen de poder, ni un concepto definible, pues solamente designa la tendencia a la igualdad social como criterio legislativo. En oscilación pendular contra la tradición del Estado autoritario, España ha pasado a uno de los primeros lugares europeos en igualdad de derechos sociales, salvo los de propiedad y los económicos, uniendo así la mayor potencia política de la oligarquía financiera a la mayor demagogia en los partidos,  medios de comunicación y opinión. Por lo que aquí se dice, somos el pueblo más izquierdista de Europa. Por lo que se hace, el más derechista. Desde el punto de vista de la libertad política, que no tiene, somos el más reaccionario, es decir, el que menos la quiere tener. Y en lo referente a la honestidad pública, cuyo primer lugar corresponde a Suiza, España es la más corrupta.  Incluso más que Italia.

En España no hay democracia por una razón moderna y dos razones tradicionales. Lo moderno fue el pacto de la vieja oligarquía económica con la nueva oligarquía política, fraguada con el consenso entre dirigentes fascistas y jefes de partidos clandestinos, que impuso, a la muerte de Franco, una Constitución fraudulenta, elaborada en secreto, aprobada por una asamblea  legislativa sin poderes constituyentes y ratificada en un plebiscito (no referéndum electivo), para salvar en bloque a la Monarquía y a la clase política franquista, a cambio de olvidar el pasado, licenciar el presente y entregar el futuro a una sinarquía de partidos y sindicatos financiados por el erario público y convertidos en órganos del Estado.

Aquel consenso constitucional, aquella traición a la causa democrática de la oposición al Régimen franquista, apadrinada por Kissinger y financiada por la socialdemocracia alemana, repartió todos los poderes del Estado entre  partidos estatales, según la cuota  obtenida por cada uno, en  elecciones proporcionales de candidatos obedientes al mandado imperativo del jefe de partido que hace las listas. De este modo, el  ganador en las urnas reuniría en  sus manos el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial, sin posibilidad de control,  pues también tendría mayoría en las Comisiones del Parlamento. Estando prohibido en la Constitución el mandato imperativo, se creó un Tribunal Constitucional, también designado por los partidos,  para impedir que todas las leyes fueran declaradas  inconstitucionales por infringir esa prohibición. Y para completar el reparto de poder en el zafarrancho de las ambiciones, se  otorgó carta blanca a los nacionalismos periféricos, llamando nacionalidades a las regiones y equiparándolas  con un régimen general de Autonomías.  El reparto autonómico multiplicaría  por diecisiete el gasto público y las ocasiones de corrupción.

Este Régimen partidocrático tropezaba con la dificultad de ser homologable con la Europa de los Seis, donde solo contaba con el beneplácito de Alemania. La Francia de Mitterrand despreciaba la reciente partidocracia española. Italia no la deseaba como rival mediterráneo. Y para que aquí no hubiera democracia vino en su auxilio la primera razón tradicional. El sacrificio de los ideales políticos a los intereses económicos. España aceptó su ingreso en la Comunidad Europea a cambio de verse reducida a un país de servicios, a un mercado para la industria alemana y la explotación de patentes y franquicias europeas, con una agricultura y ganadería  subvencionadas en función de las necesidades francesas e italianas.

La segunda razón tradicional de que no tengamos  democracia es la  razón cultural de la brevedad de la II República y la duración de la dictadura más allá de la generación vencida. El Renacimiento español, sin la potencia del italiano, el holandés o el inglés, no propició la recepción de la Reforma y acentuó el absolutismo de la Iglesia. La Ilustración española fue ridícula, comparada  con la francesa, la escocesa, la alemana y la napolitana.  La guerra de Independencia rechazó el afrancesamiento, la cultura ilustrada y la Revolución. La ausencia de industrialización trajo la sindicación anarquista y el desprecio a la investigación. La pequeña burguesía se asimiló a la clase obrera. La  grande, a la aristocracia. La profesional a  un modo decoroso de vivir sin pensamiento propio. La vida pública a un modo deshonesto de vivir sin libertad. Ante la quiebra financiera de la corrupta Monarquía de los Partidos, la desarrollada sociedad civil tiene condiciones objetivas para emprender la Revolución republicana de la libertad, si la parte más consciente de la sociedad le aporta las condiciones subjetivas.

Antonio García Trevijano

 

9 OCTUBRE 2015

"PRENSA LIBRE EN DEMOCRACIA"

Pedro J. Ramírez denunció este jueves "la concentración del poder empresarial, político y mediático" en España. En un acto de la Fundación Eisenhower celebrado en la Casa de América de Madrid, el director de EL ESPAÑOL arremetió contra "el sistema discrecional" que utilizan los gobiernos para otorgar licencias de televisión, en clara referencia al reparto recién decidido por el Ejecutivo del PP. Entre los presentes estaban los principales directivos del grupo Atresmedia, como Silvio González, Maurizio Carlotti y Mauricio Casals, que acompañaban a Gloria Lomana, directora de Informativos de Antena 3, ganadora en 2015 del premio First Amendment que entrega la citada fundación.  

En el exclusivo auditorio del Salón Embajadores de la Casa de América se encontraban, amén de la cúpula dirigente de Atresmedia, el presidente de la asociación Eisenhower Fellowship España, que es el abogado Javier Cremades; el presidente de Unidad Editorial, Antonio Fernández-Galiano; el presidente del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, que obtuvo el galardón en su segunda edición; el presidente de EFE, José Antonio Vera; y la directora general de Comunicación y de Presidencia de Repsol, Begoña Elices, entre otras distinguidas personalidades. También estaba previsto que acudiera el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, pero finalmente se ausentó alegando que tenía que asistir a una reunión sobre la crisis de los refugiados convocada en Moncloa por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. 

Javier Cremades abrió el acto con una exposición sobre el trabajo y los valores de la Fundación Eisenhower. Insistió en la necesidad de "una prensa libre para que exista una democracia". Y recordó que en 2013 y 2014 los galardonados fueron Pedro J. Ramírez y Juan Luis Cebrián, respectivamente. Entre citas a García Márquez, Albert Camus y Pulitzer, el responsable de esta asociación en España alabó las capacidades periodísticas de Lomana y recordó su reciente entrevista con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que anunció en directo la fecha de las próximas elecciones generales.  

Pedro J. inició su intervención recordando que vive afanado en el lanzamiento de este diario, que nace de forma definitiva el próximo 14 de octubre. "Son días febriles en los que se duerme muy poco". A continuación destacó la "enorme calidad humana y grandes cualidades profesionales" de Gloria Lomana, que además es, a su juicio, "un buen ejemplo de que un buen periodista debe ser buena persona". "Aunque ser buena persona no basta, porque hacen falta otros ingredientes y ella también los reúne".

Para el director de EL ESPAÑOL, Eisenhower "es una figura que nunca me resultó especialmente cercana" porque, al igual que otros muchos de su generación, "tenía más simpatías por los demócratas que por los republicanos". Tras bucear entre sus recuerdos sobre la visita del presidente de Estados Unidos a España en 1959, quiso destacar por qué aceptó de buen grado dos años atrás un galardón con el nombre de Eisenhower. "Fue el primer presidente que concedió conferencias de prensa televisadas", destacó. Aunque, a su juicio, hay algo más relevante que "hace actual la figura de Eisenhower en la España de hoy".

Eisenhower explicó que en Estados Unidos se había creado un gran conglomerado de grandes empresas, de intereses creados, de lobbys y lobbistas, de intermediarios que buscaban su ganancia de pescadores. Y eso pasa también en España

"En su último discurso como presidente de los Estados Unidos, denunció lo que él llamó el 'complejo militar industrial'. Él, que era un militar, explicó cómo en Estados Unidos se había creado un gran conglomerado de grandes empresas, de intereses creados, de lobbys y lobbistas, de intermediarios que buscaban su ganancia de pescadores, que era un elemento contraproducente y extraordinariamente negativo para la democracia norteamericana". Hubo cierto murmullo entre los editores de la sala cuando Pedro J. equiparó la situación denunciada por el presidente norteamericano con lo que acontece ahora en estas latitudes. "Yo ya veía en 2013 que eso estaba sucediendo también en España, y los dos años transcurridos no han hecho más que acentuar esa concentración del poder político, empresarial y mediático".

Yo creo en una sociedad en la que haya poco poder en muchas manos, no en una sociedad en la que desgraciadamente hay mucho poder en pocas manos

Los murmullos se convirtieron en miradas gélidas y mandíbulas apretadas a renglón seguido, cuando el periodista ahondó en su denuncia. "Creo además que el sistema discrecional por el que los gobiernos siguen interfiriendo en la concesión de las licencias del medio de comunicación más poderoso, que es la televisión, es un ingrediente más que acentúa esta tendencia negativa a la concentración de poder". "Yo creo en una sociedad en la que haya poco poder en muchas manos, no en una sociedad en la que desgraciadamente hay mucho poder en pocas manos", remachó Pedro J. ante la atenta mirada de los presentes. 

El redentor

ARCADI ESPADA 29/09/2015

Estas elecciones catalanas, tan interesantes, han acabado con uno de los grandes mitos del pensamiento optimista español: la existencia de un voto oculto antinacionalista, que en una situación de emergencia sería capaz de desvelarse y dar una patada al sombrío separatismo. La hipótesis sobre la existencia de ese voto redentor se basaba en un hecho verificado: la diferencia de participación, en Cataluña, entre las elecciones generales y las autonómicas. La media de esa diferencia es de casi 12 puntos, y había tenido sus dos extremos en el gran año socialista de 1982, en el que votó un 80,8% del censo, y en 1992, cuando la habitual victoria de CiU se produjo con un disminuido porcentaje del 54,8%. Una cierta sospecha sobre la naturaleza fantasma del votante redentor se materializó en 2012 al ganar Artur Mas las elecciones con la participación más alta de la serie histórica: un 67,7. Pero los diez puntos de aumento respecto de esa marca que se registraron en las elecciones del domingo acaban con el mito para siempre. Si existió ese votante refractario al nacionalismo, habitante de la periferia metropolitana, abúlico y moralmente forastero, que sólo se tomaba el trabajo de ir a las urnas cuando Adolfo Suárez o Alfonso Guerra desembarcaban en Santa Coloma, por utilizar el verbo tan gracioso que gastaba siempre la prensa catalana, oxímoron; si existía, digo, ese varón que iba a cambiar las cosas, ahora está muerto y acaso enterrado en su Iznájar, adonde volvió ya enfermo. Alguno de sus hijos, por cierto, vota por el Sí, padre.

Asegurar la existencia de un voto oculto y de una mayoría silenciosa es un atrevimiento de gran calado en un mundo tocado por el exhibicionismo y el griterío. El silencio, en un sentido amplio, se ha convertido en uno de los grandes refinamientos de nuestro mundo, profundamente incompatible con las mayorías. Al supuesto votante oculto catalán, por otra parte, no sólo se le pedía que hablara, sino que hablara bien. Cataluña tiene tan buena opinión de sí misma y de sus recursos que hasta este ejército de salvación se atribuía. Pero la realidad hosca y desagradable asoma. Cataluña es hoy lo que parece. Un lugar donde la mitad de su población electoral ha facultado a un grupo de políticos para que emprendan un acto ilegal contra la soberanía del resto de los españoles. Es decir, un lugar apreciablemente lleno de fanáticos cuya relación con la realidad es tan dudosa como la existencia del abstencionista que iba a redimir a los catalanes, en especial del mal que comienza por sí mismos.

 

Estas elecciones catalan     14 SEPT 2015

Hemos tenido que ver en una playa un niño ahogado, para darnos cuenta que algunos que NO pueden ni huir... están siendo asesinados por el EI

Prefieren no mirar

Arturo Pérez Reverte  - 02/7/2012

Hieren su sensibilidad. O sea, molestan a los lectores. Los desconsiderados redactores que metieron en los periódicos de papel o digitales unas fotos de niños escabechados en la última matanza de la guerra civil siria, no tuvieron en cuenta que enseñar cadáveres es de mal gusto. Incurrieron en el voyeurismo sórdido. Y claro, numerosos ciudadanos irritados se han dirigido a los medios correspondientes, afeándoles la conducta. Niños degollados y sangre. Qué espanto. Qué inapropiado. Me han causado ustedes un problema de tipo emocional de aquí te espero. Hacen de la muerte un espectáculo, de la tragedia un morbo. Mostrar carnaza es propio de periódicos y revistas de baja categoría. Una falta de respeto para lectores y víctimas. Etcétera.

Tiene gracia. Aunque sea puñetera gracia. Esas quejas de lectores sensibles coinciden exactamente con lo que una individua sectaria, desabrida y biliosa, hoy ideóloga ética en la telebasura y entonces directora de Informativos de TVE, nos decía a principios de los 90 cuando mandábamos cada día carne fresca, recién descuartizada, desde los Balcanes. Los combates de Vukovar. Los degollados de Petrinja. Los morterazos del mercado de Sarajevo. La bomba de Dobrinja. El hospital Kosevo, con la gente llegando reventada por la metralla y la morgue llena hasta la puerta, donde el suelo rojo hacía chof, chof, cuando lo pisabas. Imágenes de la matanza cotidiana, grabadas, jugándose la vida bajo las mismas bombas que mataban a esa gente, por Márquez, por Miguel de la Fuente, por Paco Custodio. Por mis compañeros y amigos. Profesionales que estaban allí para mostrar lo que ocurría, la atrocidad y la barbarie; no para plantearse problemas éticos sobre la sensibilidad de los espectadores. Pero la jefa -tener esa jefa era una desgracia como otra cualquiera- se ponía como una fiera. No mandéis esas imágenes, que son muy fuertes. Malvados. Si grabáis mucho niño muerto, os los quitaremos de la crónica antes de emitirla en el telediario. Por suerte, entre ella y nosotros estaba Miguel Ángel Sacaluga, el subdirector, que metía lo que le enviábamos y nos cubría las espaldas -nunca se lo agradeceré lo suficiente- porque estaba tan cabreado como nosotros de tanto paño caliente, tanta diplomacia y tanta mierda: Javier Solana, el negociador simpático, morreándose con los verdugos y repitiendo, con mucho plural de por medio, que todo iba a solucionarse de un momento a otro. Así, día tras día, mes tras mes, año tras año. Y mientras la cobarde Europa por él representada miraba hacia otro lado, en Sarajevo faltaba tierra para enterrar a la gente, y hasta los campos de fútbol había que convertirlos en cementerios. Por eso me da tanta risa torcida cuando al correo del lector de tal o cual periódico acude la peña con quejas. Si aquella foto debió publicarse entera o cortada, en primera o en páginas interiores. Si a la niña de catorce años violada y degollada deberían haberle tapado ustedes la cara para cumplir con las leyes de protección a la tierna infancia. Si la imagen de esa mujer destripada no lleva pie de foto con crítica explícita a la violencia machista. Si difundir la imagen de treinta cuerpos amontonados junto a una pared acribillada de impactos de bala supone una falta de respeto al dolor de sus familias. Y es que no se han enterado de nada, rediós. Esos menguados olvidan que la función de las imágenes de guerra atroces es precisamente ésa. Sacudir, atormentar, herir la sensibilidad del lector, del espectador, lo más que se pueda. Decirle: mira, gilipollas, esto es real. Así muere la gente cuando la matan. Y para que te enteres: en Siria y en todas las Sirias repartidas por el puerco mundo, son precisamente los familiares de esas víctimas los que desean que se fotografíen y graben las matanzas. Son ellos quienes se juegan la piel para llevar a los periodistas hasta allí, y de ese modo hacer al mundo testigo de un horror que, de otra manera, quedaría oculto y con frecuencia impune. Dudo que ningún editorial de periódico, ninguna tertulia televisiva, logre hacer con sus argumentos que alguien odie tanto a los nazis como la brutal visión de las imágenes de Auschwitz o Dachau, a la hora de comer. Por ejemplo. Pero es que la cuestión real no es ésa. Lo que ocurre es que esta sociedad anestesiada, egoísta, que a pesar de la que está cayendo fuera y dentro sigue sin querer enterarse de en qué peligroso mundo vive, está empeñada en que nadie le altere el pulso. En que no la despierten de su imbécil sueño suicida. Lo que pide, o exige, es vivir cómodamente sentada en el sofá, zapeando entre anuncios con gente que baila y sonríe, Sálvame y el puto fútbol.    

1 sept 2015

ME NIEGO A NO CREER EN EL SER HUMANO, por Carmelo Beltrán @CarBel1994




No todo es como nos lo cuentan, o por lo menos yo me niego a pensarlo. Cada día, en todos los medios de comunicación, sólo nos cuentan malas noticias. Enciendes el televisor, sintonizas el telediario de turno y todo son problemas: nuevos políticos corruptos, el paro crece por enésima vez consecutiva, la deuda pública alcanza una cifra de récord, la  Guerra de Gaza continúa, un hombre asesina a su mujer y a sus hijos porque no puede hacer frente a su deuda con el banco… Y no es únicamente la televisión, los periódicos también siguen una línea muy similar. 

Nos hacen creer que el mundo se acaba, que no hay buena gente en el mundo. Parece que no se puede confiar en nadie porque en cualquier momento van a fallarte, a mentirte y a traicionarte. Pero el mundo no es así, o por lo menos yo me niego a pensarlo.

Me niego a creer que solo existen malas noticias en el mundo, y me niego a pensar que únicamente debemos informar de ellas. Estoy seguro de que cada día se pueden sacar también buenas noticias. “Un niño supera una enfermedad que parecía mortal”, “Se consigue una nueva cura para el cáncer”, “Un estudiante patenta un dispositivo que nos va a mejorar la vida”, “Nuevos animales en el Zoo de Madrid”…

No tiene que ser algo que sea increíblemente bueno, simplemente tiene que ser algo bueno, algo que nos haga seguir creyendo en el ser humano. Que nos haga seguir teniendo esperanzas en nosotros mismos.

Desde todos los medios de comunicación nos hacen pensar que todo son problemas, y eso se contagia a la gente. No podemos permitir que continúe todo esto así. Necesitamos un cambio. Necesitamos saber todo lo bueno que ocurre en el día a día, necesitamos creer que podemos mejorar el mundo.

Podemos mejorarlo. Hay millones de personas que trabajan día a día para mejorarlo. Lo que pasa es que sus historias no venden periódicos, no ganan audiencia y no generan Trending Topics en Twitter. Algo estamos haciendo mal si nos interesa más el enésimo político de turno que el estudiante que ha sacado su carrera con matrículas y le han ofrecido un trabajo de alto nivel en su rama de especialización. Es más, no tienen ni que haberle ofrecido un gran trabajo. Algo falla si nos interesa más ese político corrupto que la felicidad de ese estudiante por haber acabado su carrera.

Cambiemos esto. Aún estamos a tiempo. Hay que informar de lo bueno, deben primar las buenas noticias. Para nada estoy diciendo que se deba tapar todo lo malo, nunca, pero debemos encontrar un equilibrio. Todos los días hay buenas noticias, y es el deber de los medios de comunicación contárnoslas también.

Yo me niego a no creer en el ser humano. ¿Y tú?

20 julio 2015




La nueva-nueva política

En un par de años ya me han adelantado. Comencé mi militancia en uno de los llamados nuevos partidos por el hecho de que realizan nueva política. Diría que se proponen la regeneración democrática, pero la palabra está muy prostituida y la balbucea cualquiera en cada esquina. Nuevos actores recién incorporados que vienen a desplazar a los nuevos-viejos entre los que repentinamente me encuentro. A la mayoría de los nuevos-nuevos les parece bien el hecho de que haya cargos recién elegidos que se presenten a todo. Parece ser que el compromiso con el votante es de la marca y no del candidato. Presuponiendo que los nuevos-nuevos adquieran compromisos, igual han regenerado la palabra y supone otra antigualla, como quien les escribe. Pero seamos nuevos-viejos y creamos todavía en la palabra de las personas: si yo me presento a un cargo que dura cuatro años, implícitamente me comprometo a cumplirlos. Si no, por ahorrar al menos, podrían concentrar las campañas y pedir el voto para las tres citas electorales siguientes.

Nuevo-nuevo político del Parlamento Autonómico al Congreso

Nuevo-nuevo político del Parlamento Autonómico al Congreso

Pero no: la nueva-nueva política considera que la movilidad electoral es un valor en alza. Así con una veintena de personas se pueden cubrir todos los ayuntamientos, parlamentos, el Congreso, el Senado, Europa y la ONU. En este tiovivo un nuevo-nuevo militante puede pasar por 32 citas electorales en 8 años de sillón en sillón sin pisar el suelo. He defendido estas tesis desde el principio de mi nueva-vieja actividad política, pero hasta hoy no debía manifestarla en público puesto que era un cargo directivo en uno de los nuevos-nuevos aka nuevos-viejos akanuevos partidos.

Soy un fósil.

5 julio 2015

Dichosos elefantes en su cementerio por Francisco RosellIDÍGORAS Y PACHI

AL IGUAL QUE aquel burlón secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) que declaró que no había hecho «nada» para tal menester, pero aclarando, socarrón, que ese «nada» lo «había hecho exquisitamente», otro tanto cabe anotar del sempiterno Manuel Gracia. A sus 69 años, Susana Díaz acaba de remunerarle los desvelos que le prodigó desde la Presidencia del Parlamento con la bicoca de la Autoridad Portuaria de Sevilla. Es inútil inquirir -ni siquiera retóricamente- qué diablos entiende el laureado de materia fluvial y dársenas. Ello presumiría que estas mercedes se regalan a quienes llegan aprendidos, y no a aprender, al cargo. Pero, como placen la mamandurria tantos marineros en tierra con la insignia del PSOE, los andaluces se han hecho al abuso como a la bruma marina.

Aplicándose la pauta del falangista Jesús Fueyo, intelectual franquista: «¡Ministro, aunque sea de Marina!», Gracia diría para sí: «Presidente, aunque sea del Puerto de Sevilla», tras serlo de una ringlera de encomiendas entre las que no dejó otra huella que ser un bien mandado. Y tanto. En su etapa de consejero de Educación de Borbolla, se lamentaba de que su jefa de gabinete, Gracia Sánchez Caballos, a la sazón mujer del presidente, era la que partía el bacalao en su departamento.

Al granjear el carné del partido su buena renta, trabajando o no, muchos prefieren, directamente, no hacer nada. Al portuario Gracia le ha bastado para no apearse del coche oficial desde que desertó de la tiza, lúcida expresión con la que el docente Pedro Ruiz Morcillo fustigaba a los promotores de dislates educativos que están dando la cara.

Tras décadas viviendo del Presupuesto, y al aguardo de las cesantías que le caerán como breva madura, Gracia indicará como la Celestina: «Vivo de mi oficio, como cada oficial del suyo». En su devenir, aunque no en su erudición, evoca a un director general de todo en el franquismo, el ilustre onubense de Aracena Florentino Pérez-Embid, amigo de Manuel Olivencia, quien un buen día se sinceró confesándole que no sabía hacer otra cosa que ser director general. Ambicionaba seguir siéndolo, aunque fuera de Prisiones. «Manolo -se excusaba-, si no sé ni cómo se saca un billete de ferrocarril».

Manuel Gracia descuella en esa modalidad política de 'la carrera de los inmóviles' que permite ascender sin hacer nada

Ateniéndose a su hoja de servicios, Gracia descuella en esa modalidad política titulada la carrera de los inmóviles que permite ascender sin hacer nada hasta alcanzar este cementerio de elefantes que son los puertos y donde moran dichosos los paquidermos socialistas. Cúmplese la mordacidad de Lenin de que cualquier cocinera puede asumir el gobierno si acata la ortodoxia del partido, no piensa por su cuenta y no saca los pies del tiesto. Ya lo apreció Zapatero al advertir, ante el espejo, que cualquiera podía ser Presidente.

Pero quien mueve al escándalo no es Gracia, sino quien lo nombra. Una presidenta de la Junta que camina sobre cenizas bajo las cuales no sólo no se extinguen los rescoldos humeantes de la corrupción, con nuevas imputaciones cada semana, como su número tres en la Ejecutiva, Francisco Conejo, al construir una piscina ilegal, sino que amenazan con avivarse en un tris. Ahí está la trifulca con su mentor, el exconsejero de Empleo, José Antonio Viera, del que fue secretaria de Organización en el PSOE sevillano, tras negarse a devolver su escaño de congresista, una vez inculpado por el Supremo por prevaricación y malversación en el fraude milmillonario de los ERE. Tras aforarlo y cobrar una soldada de 5.700 euros al mes sin dar un palo, este cazador de fortuna amenaza a su apadrinada.

En vez de dar pasos sustantivos para sanear las instituciones, Díaz las consagra como pesebre. De esa guisa, mal puede autoinvestirse heraldo de la regeneración que no avala su trayectoria y que certificaría la imposibilidad congénita del Régimen para enmendarse. Quizás sea cosa, como dijo Michael Corleone, de que, «cuanto más alto he subido, más mierda he encontrado».

Se denuesta la puerta giratoria y se da carta de normalidad a la puerta atrancada para que la política sea coto de ganapanes

Respecto al «nuevo tiempo» que pregona Díaz, hace honor a los «proverbios y cantares» machadianos: «¿Siglo nuevo? ¿Todavía/ llamea la misma fragua?/ ¿Corre todavía el agua/ por el cauce que tenía? /Hoy es siempre todavía». Ante la falta de confianza en el orden político y en los políticos, el sistema debe afrontar una reedificación que arrancará cuando la clase política muestre autoridad moral en su conducta. No un cambio aparencial que oculte la mugre bajo la alfombra. Más cuando el ciudadano percibe haber sido arrastrado al atolladero por una clase política que privilegia su interés.

En estos treinta años de autonomía, ha arraigado la noción de que estos profesionales de la política hacen de la conquista del poder y de su perpetuación su objetivo. De hecho, el PSOE ha mutado en un partido-régimen, en una empresa -«la PSOE», dice algún guasón- que vela por sus afiliados desde la cuna a la sepultura con el único requisito de su sumisión sin límite al mando y sin otra patria que el partido, sin precisar que figure en el frontis de las Casas del Pueblo esa variante de «Todo por la patria» de las Casas-cuartel de la Guardia Civil. Ello hace que, a la hora de oficiar funciones públicas, no se designe a nadie por su idoneidad, sino por sus conexiones y observancias dentro de la correlación de fuerzas y equilibrios partidistas.

Ese reparto graciable de acomodos hace de la política, como escribió Galdós, «una carrerita de las más cómodas, fáciles y lucrativas, constituyendo una clase, o más bien un familión vivaracho y de buen apetito que nos conduce y pastorea como a un dócil rebaño». Al no patrocinar a los mejores, consiente que vivaqueen en ella quienes no tienen otro cobijo. No es un buen ejemplo el espectáculo de quienes no se sabe de dónde vienen ni a dónde van, pero que descaminan ineluctablemente en desaprensivos que «entran con poco y salen con mucho».

Convertida la política en un modus vivendi, en vez de una dedicación temporal para luego retornar a la profesión que se ejercía, se abre a la corrupción de distinta cuantía. Al usufructuar ingentes montos de euros que administran sin control efectivo o que se las ingenian para desactivarlos, del modo de los ERE o los cursos de formación, cautivan al votante con el gasto desbocado de administraciones elefantiásicas en cuyo frondoso ramaje anidan miles de paniaguados, lo que acrece la tentación. Ya lo sentenció Sancho Panza, fugaz gobernador de la ínsula Barataria al tornar a escudero: «Sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de cómo suelen salir los gobernantes».

Al tiempo que se denuesta la puerta giratoria que alterna periodos de dedicación a la actividad pública con otros en la vida profesional privada, con lo que se crean las condiciones favorables para se incorporen temporalmente a la política aquellos que tienen conocimientos y talento que aportar, se da carta de normalidad a la puerta atrancada para que la política sea coto privado de ganapanes. Curiosamente, frente a corrupciones de otra laya, este uso privado de las funciones públicas, a modo de derecho de pernada de los nuevos señores feudales, se ha hecho costumbre tan deplorable como aquellas que -O tempora, o mores!- condujeron a Marco Tulio Cicerón, en la primera de sus catilinarias, a fulminar la perfidia y la podredumbre de su época.

Aquí lo de menos es el interés general. Nada que ver, por ejemplo, con el testimonio de honradez de aquel adjunto de Clinton que, tras ser clave para arribar a la Casa Blanca, declinó la proposición presidencial de integrarlo en su gabinete. Aquel ex marine llamado James Carville, con ironía tomada de Groucho Marx, alegó: «No querría vivir en un país cuyo gobierno contratara a alguien como yo». Según narra Clinton en sus memorias, aunque lo encajó mal, agradeció su sinceridad y aprendió la lección de que uno vale para lo que sirve. Tantos Gracia como abarrotan la colmena de la Junta seguro que practican esa otra modestia del poeta Ausonio cuando el emperador Graciano le donó la Prefectura de África: «¿Por qué iba yo a decir -se interpeló- que no puedo con lo que él me considera capaz?».

francisco.rosell@elmundo.es

18 Junio 2015


Por un Ministerio de la Verdad por Arcadi  Espada

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Escribo cuando el presidente Rajoy no ha comunicado aún sus cambios en el Gobierno. Lo único que ha comunicado ha sido, cuando le han preguntado, «¿cambios? ¿qué cambios?». El presidente está cerca de convertirse en un personaje literario y solo es preciso que él se dé cuenta. Aunque comprendo sus desesperadas renuencias hacia sí mismo. Él hizo circular desde los primeros tiempos que se distinguía por el manejo infalible de los tiempos y un cambio de gobierno a cuatro meses de las elecciones no es algo que afiance la leyenda. Pero por si esta columna prospera antes de que haya resuelto, mi intención es urgirle a la creación del Ministerio de la Verdad. La verdad, que es el principal problema de las democracias contemporáneas, ha sido también el principal fracaso de Rajoy. Su gobierno ha asistido impasible a la construcción y desarrollo de la gigantesca mentira secesionista en Cataluña y a la conquista del prime time político por parte del infecto populismo.

Como toda respuesta a dos construcciones que han sido sobre todo mediáticas, el Gobierno ha mantenido sumida en la postración, por ejemplo, a la televisión pública del Estado. Incapaz de proveerla de recursos e incapaz de hacer de ella el principal aparato de contraprogramación política. Nunca como en nuestra época se había producido una circulación tan caudalosa de mentiras, a partir de la conversión mediática de la política en una variante de la pornografía y de la degeneración sistemática de los hechos y opiniones en las redes sociales. Esta situación inédita  debe suponer un añadido crucial a las competencias del gobierno democrático: el derecho a la verdad debe convertirse en uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos. Por supuesto, su reivindicación incluye el rasgo clásico y rubalcabo de un Gobierno que no nos mienta, pero debe abrirse de modo inequívoco a la necesidad de una sociedad que no nos mienta, porque el Gobierno ha dejado de ser el principal propagador de las mentiras. Esto no debe suponer la prohibición de la mentira, ni que deje de ser el espectáculo favorito de la industria mediática. Prohibirla sería prohibir la libertad. Pero es evidente que su despotismo analfabestia ha de ser contrarrestado con tajantes recursos públicos. La distopía de Orwell sobre la verdad y la intimidad se ha cumplido. Solo que no ha sido obra del Estado sino de la sociedad.

O sea que es el momento, sí, de una profunda crisis de Gobierno que ha de acometer nuestro decidido presidente.

10 Junio 2015

No pienses en un elefante

El inminente “sí” de Ciudadanos a la investidura de Susana Díaz como Presidenta de la Junta de Andalucía me lleva a escribir una leve reflexión:

En primer lugar la importancia del lenguaje, que si hacemos caso a Lakoff puede hacernos ver la realidad como algunos quieren. Leo en muchos la palabra “pacto”, cuando en realidad es un acuerdo para la investidura, no hay más. Ni menos. Si leo “pacto” me llevo la mano a la pistola, porque es un sustantivo interesado.

Otra de las cuestiones es el hecho de lo poco criticado es en el mismo sector que hoy rasga sus vestiduras por el acuerdo en Andalucía que se haga lo mismo en Madrid. Veo los pplumeros ocultos.

Es cierto que hay votantes que han apoyado en las pasadas elecciones a Ciudadanos para castigar al Partido Popular. Pero ya venían advirtiendo desde el partido naranja que este voto no era protesta sino propuesta. Y eso es lo que han hecho en los dos casos que cito. Propuestas contra la corrupción, contra el paro, contra la opacidad de los concursos públicos… y favor de muchas otras buenas cosas. Quiero decir, quien quiera castigar únicamente que sepa que va a ser defraudado. Ciudadanos es un proyecto de país, no un partido-colleja circunstancial. Ciudadanos es un partido transversal, no el de un sector ideológico concreto.

Hay quienes me escriben diciéndome que Ciudadanos se ha suicidado. Esos mismos tendrían que pensar en la grandeza de un partido que sacrifica mucho por el interés de todos. No es un partido de lemmings. Es un partido que confía en que esta nueva política será bien entendida a medio plazo. Y oigan, si no se entiende, sus militantes se volverán a sus casas a ver cómo todo el mundo vuelve a votar a los de siempre para seguir igual.

 Pero volveremos a casa con el placer de haberlo intentado.

Pues eso...

Pues eso...



5 junio 2015

El lenguaje y lo politicamente  correcto  

Cada vez es más frecuente escuchar a los políticos al dirigirse en mítines o declaraciones en los medios de comunicación, la cantinela del saludo a todas y todos, compañeros y compañeras, andaluces y andaluzas etc.
Comentándolo un día en una reunión de  “amigos y amigas”, donde casi todos eran feministas y dando mi opinión no favorable a ese uso del lenguaje, enseguida me espetaron a coro que la RAE puede decir “misa”, pero que el lenguaje está pervertido por una cultura machista y que eso hay que ir cambiándolo por la realidad de los hechos, hasta que esa institución ”misógina” se de  por aludida y así con la práctica del lenguaje “no sexista”, podremos visibilizar más a la mujer…
Sé que este artículo es politicamente incorrecto, y que cada vez es más frecuente escuchar en los medios las expresiones  de “todos y todas”, incluso a polític@s, nada relacionados con la izquierda llamada “progresista”, e incluso en algunos que militan en la derecha de siempre.

Pero  luego lo que ocurre es que las palabras sirven para enmascarar una realidad de hechos que no se corresponden con prácticas políticas, que ponen de manifiesto que los mecanismos de freno al cambio, para que la mujer sea considerada  y valorada por sus méritos, en igualdad de condiciones, y no por tener que ocupar una serie de puestos-cuota, es una realidad, en esa izquierda que sólo practica la etiqueta ideológica en sus discurso vacíos de palabrería hueca…., y en la vida interna de la práctica política de partidos e instituciones, sigue con los pactos entre “caballeros” y la falta de transparencia en decisiones que no se toman entre “ todos y todas”.

La revolución pactada

31.05.2015  LA OPINION DE MALAGA

La construcción del futuro exige un presente nuevo. Apostar por un juego diferente. Las viejas cartas están manchadas y no sirven. Tampoco vale desvirgar un mazo de naipes inmaculados, sin el tacto de los tahúres suavemente marcado en el envés. Las figuras son las mismas. Igual que la querencia al descarte, al farol, al as en la manga. Hace tiempo que la política es una ludópata del poder, del dinero y la falacia. Fausto compró su alma a cambio de las mayorías absolutas con las que gobernar ambiciones e inclinar a su favor la eterna lucha de clases. Su eterna juventud ha sido el rostro de Dorian Gray, cuya corrupción vamos descubriendo cada vez que una investigación abre un armario. La igualdad, la democracia ilustrada, la pluralidad dialéctica de las ideas y las utopías hace décadas que sólo son palabras de salón y eslóganes de arengas electorales. Hasta que sopló la tempestad y nos descubrió que vivíamos en un universo, mitad Matrix, mitad torre de Babel, del que nos ha quedado la precariedad de una vida zurcida por recortes enmascarados como reformas, y la división casi insalvable entre ricos y supervivientes. Y también el escepticismo en la política como construcción ideológica e instrumento para solucionar los problemas. Lo ha certificado el resultado electoral: desaparición del depotismo de las mayorías absolutas y el aval a nuevos partidos procedentes de los movimientos cívicos. 
Ese ha sido el voto útil de muchos ciudadanos. La demanda de una política que, como propugnaba Gramsci, no sea sólo una restauración del sentido noble de la palabra política frente a cualquier forma de actividad mafiosa, sino también un rechazo de la politiquería que ha favorecido la mentira, la arrogancia, la carencia de ética. La necesidad de otra manera de hacer, de gestionar y de relacionar la política con lo político, lo real y lo social. Una propuesta decidida a prestigiar la práctica política con una poética ciudadana y en contra de la rapiña, de la insolencia y del expolio del poder financiero. En ese propósito son imprescindibles la honestidad, la transparencia y una gestión de proximidad, políticas públicas integradoras, de participación y cohesión social, capaces de responder a la presión de los mercados, a los nuevos desafíos y a la amenaza real del estallido de la burbuja de la deuda. Un peligro que no se ve pero se presiente.

Estas son las expectativas, las urgencias, el cambio. Sin embargo de momento no se está pensando con coherencia y sin adrenalina. En lugar de empezar demostrando el valor del diálogo como construcción política, se vuelve al peligro de hacerlo en función de unas estrategias partidistas, de la conquista o conservación del poder. Lo que conlleva, como estamos observando, el mercadeo surrealista de unas ideas y propuestas a los que se les subasta un precio y su regateo. Es lícito proponer gobiernos de concentración, y defender la libertad de los partidos para negociar alianzas diferentes entre unos lugares y otros, en pro de una gobernabilidad más estable y de criterios comunes. Pero detrás no debe existir ni por encima prevalecer la ambición de poder ni la tendencia a la contradicción de prometer aquello que enseguida se traiciona o se comercia.

El nuevo panorama exige que los partidos, sobre todo los representantes de los movimientos cívicos, sean leales a sus promesas y demuestren madurez suficiente para discernir entre medidas innovadoras y distopías políticas, entre ejes comunes, demagogia y aversión al contrario. Lo fácil es negociar con quienes propiciaron en su contra estas nuevas alternativas, para las que se pidió el voto útil, y juntar compañeros de viaje poco fiables para vencer en el airado empeño de desalojar a los otros. Qué palabra tan fascista en sí misma, que tanto daño ha producido y sin embargo se escoge a favor cuando estuvimos en su contra. Lo difícil es ser responsables y coherentes, negociar y alcanzar pactos en contenidos concretos, puntuales, eficaces. Una sólida gobernabilidad democrática frente a la férrea dictadura de los poderes financieros (que ahora mismo se llevan sus inversiones y miran con recelo el freno a su impuesta feudalización social y laboral) es una responsabilidad de todos. ¿Seguimos todavía sin entenderlo?

Personalmente estoy harto de políticos fingidores, visionarios, camaleónicos. No quiero tampoco mediocres ni gente con miedo a trabajar por una revolución pactada y un objetivo colectivo, sin tener que vender el alma ni excluir ningún planteamiento solvente, aunque provenga del contrario. La credibilidad de la reforma política depende de que todos sepamos ir más allá de las retóricas de las instituciones y de las perversiones del sistema. Hay que acometer las listas abiertas, la financiación transparente de los partidos, la supresión de la ley D´Hont, desinfectar la política, sanear la democracia e inculcar la educación en el debate en positivo y sin crispación.

La gente está esperanzada en una nueva forma de gestionar el poder y de trabajar lo político. ¿Están preparados nuestros representantes, los de antes y los nuevos, para hacer realidad una alternativa eficaz a un sistema mercantilizado como forma de gestión social? Ellos tienen que empezar a demostrarlo y los ciudadanos seguir vigilantes. Con ese compromiso reclamo políticos que tengan el talento de un poeta, la capacidad de crear estructuras como un novelista, la solvente divulgación educativa del ensayo. Una política cuya cultura sea aliviar la realidad compungida, combatir la avaricia del poder financiero y abordar la construcción de un futuro que mejore las instituciones, y a nosotros como personas. La única revolución pactada en la que creo.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

Los cómplices de la

verdadera Transición 

 Gabriela Bustelo

“Tú y yo lo sabíamos” –el mantra del gran locutor Joaquín Luqui– nos serviría para describir lo que está sucediendo en España, porque todos sabíamos que iba a haber un antes y un después del 2015. Las municipales de mayo han sido un claro aviso de lo que puede esperarse en las generales que Rajoy deberá convocar después del verano. La mole bipartidista flaquea ya, seriamente dañada por el obús de los partidos nuevos. El Partido Popular se ha dejado por el camino dos millones y medio de votos, conservando tan solo Galicia como bastión. Abundan las comparaciones con la implosión de UCD, que desapareció de la noche a la mañana, como lágrimas en la lluvia. Pero el PSOE ha perdido 700.000 votos desde aquel 2011 que fue el peor año electoral de la historia del socialismo español. Es interesante recordar que cuando el PSOE se desmoronó obtuvo el 27% de los votos, el mismo porcentaje obtenido por el Partido Popular en estos comicios.

Las alcaldables podemitas

¿Lo más relevante del 24M? Los resultados de las dos grandes alcaldías españolas, donde las coaliciones integradas por Podemos obtuvieron una sorprendente cantidad de votos. Las dos grandes urbes acusan de modo claro la irrupción de los llamados “emergentes” en la política municipal frente a los partidos tradicionales que, no obstante, se mantienen como las dos fuerzas más votadas. Pese a la reacción algo melodramática de los candidatos conservadores y socialistas, conviene recordar que un pacto PP-PSOE permitiría al bipartidismo gobernar en todas las comunidades autónomas –salvo una– donde se han celebrado elecciones el 24 de mayo. Solo en Navarra la suma de los escaños conseguidos por los dos partidos tradicionales (9) ni se acerca a los 26 necesarios para la mayoría absoluta.

La crisis justiciera

Para hacer una reflexión postelectoral conviene volver la mirada sobre la última década, que abarca los siete años largos de Zapatero y los tres de Rajoy. Diríase que España comenzaba por fin a superar la dura prueba del crash económico, sin confrontaciones callejeras ni demasiado agit-prop. Nuestra democracia parecía haber logrado empezar a revertir la crisis y regresar al mapa europeo, cumpliendo los acuerdos pactados y demostrando al mundo que España no es un fracaso periférico como el griego. La crisis, indudablemente, nos ha dado una bofetada de realismo, señalando a los culpables y prometiendo justicia a los inocentes. Desenmascarados los farsantes, estafadores, arribistas y serviles, aspirábamos a ser una democracia occidental imperfecta pero digna. Una democracia en la que había que volver a creer.

 

Bajo las brutales cifras de desempleo late una lógica frustración social, espoleada neciamente por la desatención del Gobierno de Rajoy

El delirio de la hiperlegitimización

Pero bajo las brutales cifras de desempleo nacional (24%) y juvenil (52%) late una lógica frustración social, espoleada neciamente por la desatención del Gobierno de Rajoy. Mientras todos los presidentes de las democracias occidentales bombardean a sus ciudadanos con apariciones casi constantes en los medios de comunicación, Rajoy ha dado dos ruedas de prensa en toda la legislatura. Es inútil sacrificar todo el programa electoral para solventar la crisis si esa dedicación exclusiva no se comunica de manera clara y reiterada. La política sordomuda de Rajoy ha sido letal no solo para su propio partido, sino para España entera, porque es la justificación perfecta del proyecto de hiperlegitimación de la izquierda que, como estamos comprobando en estos días posteriores a las municipales, tiene como delirante objetivo eliminar a la derecha española del mapa político. 

Las dos Españitas guerracivilistas 

En España, por desgracia, pocos grandes proyectos políticos son en formato positivo. Los proyectos negativos, en cambio, funcionan bien. No suelen unirse los españoles –de uno u otro signo político– a favor de ideas nobles que puedan beneficiar a todo el país, sino en contra del bando enemigo al que buscan hundir y aniquilar. Es trágico que la izquierda española, en bloque, se plantee esta regeneración política –que podría convertirnos en una verdadera democracia occidental– como una nueva batalla contra la derecha. Y los tics políticos de la derecha también son fanáticos y defensivos. Por increíble que pueda parecer, las dos Españitas guerracivilistas siguen enzarzadas en la paleta disputa que ha impedido a este país llegar a ser una verdadera nación moderna.

La corrupción en España no se habría prolongado durante casi cuarenta años sin la aquiescencia de gran parte de los poderes nacionales, incluidos los mediáticos y de creación de opinión

La (ir)responsabilidad de la prensa 

Las coordenadas funestas que han mantenido viva la corrupción en España no se habrían prolongado durante casi cuarenta años sin la aquiescencia de gran parte de los poderes nacionales, incluidos los mediáticos y de creación de opinión. Nuestra democracia es un simulacro lleno de ángulos muertos donde anidan los vampirismos autonómicos, los nacionalismos extremos y la corrupción. A la hora de atribuir responsabilidades, la prensa apenas hace esa autocrítica que exige machaconamente a las fuerzas políticas. El papel crítico del cuarto poder ha sido esencial, pero también estamos comprobando estos días la parcialidad y falta de profesionalidad de buena parte del sector mediático.

¿Otro retroceso?

El proyecto de regeneración de nuestro país puede convertirse en otro retroceso histórico de esos que tan bien se le dan a España. No estamos jugando aquí a ver quién se pone antes la camiseta morada o la naranja, ni a ver quién es más cool en las tertulias, porque en una república bananera es fácil molar. Lo que nos jugamos aquí es que España regrese –o no– a la historia mundial. Y la historia mundial es eso que sucede mientras aquí estamos llamando friki fachorra a Esperanza Aguirre y perroflauta apestoso a Pablo Iglesias. En un país serio, los medios deben ser, por tanto, los vigías cómplices de esta auténtica Transición recién emprendida. 

Y huelga decir que los países serios viven en concordia, no en discordia.



jueves, 28 de mayo de 2015

La envidia de la virtud 

del blog de Alejandro Pérez-Montaut

Blog de un ciudadano de a pie, casi médico, 

al que le gusta la política. @alejandropmm

La envidia de la virtud
hizo a Caín criminal.
¡Gloria a Caín! Hoy el vicio
es lo que se envidia más.

     Antonio Machado así lo describía, y no le faltaba razón. En ocasiones, el ser humano se torna en un animal casi irracional, capaz de destruir todo lo que a su alrededor florece y prospera, puesto que huele el peligro. El peligro de no obtener el reconocimiento ni la medalla que necesita para alimentar su ego, cayendo en el más profundo olvido.
La ambición, es sana, en su justa medida, claro. Todo ser humano tiene proyectos y metas, y lucha por alcanzarlos. Pero me voy a permitir hacer una pequeña crítica a aquellas personas que, con tal de inyectarse una dosis más de la dulce y adictiva heroína del poder, son capaces de utilizar la fuerza bruta en vez de la inteligencia, la machota en vez de la palabra, y el instinto animal en vez de la razón. 

     Estamos viviendo una etapa política muy turbulenta, en la que las diferentes fuerzas necesitan dialogar para llegar a alcanzar acuerdos en la mayor parte del territorio español. Y resulta que cuando pongo la televisión, o leo el periódico, los titulares siempre son iguales: Todos tirándose porquería encima, sin pensar en el bien común. Lo vemos en el ayuntamiento de Madrid, donde Esperanza Aguirre es capaz hasta de darle la alcaldía a Belén Esteban con tal de que no gobierne Manuela Carmena. Pero ella no argumenta ni defiende su programa, en el que en teoría cree, para llegar a ser alcaldesa de Madrid. Ella solo ataca y destruye, el resultado, una forma de hacer política bastante poco productiva. Lo mismo pasa son Pablo Iglesias, que quiere a toda costa que no gobierne el PP, y es capaz de pactar con lo que él, hace unos meses calificaba de la peor casta corrupta, el PSOE. 
Hombre, puedo llegar a entender que pase entre dos fuerzas políticas totalmente opuestas.

     En los propios partidos hay discrepancias, diversidad de opiniones, críticos... Eso es sano, lógico, y enriquecedor. El problema, viene cuando ciertas personas, con las que trabajas codo con codo desde hace tiempo, te ponen más dificultades de la cuenta para lograr alcanzar el objetivo que en un momento dado fijasteis. Bueno, lo puedo entender también. 
Lo que de verdad me hace sentir que no formo parte de este mundo, es cuando veo que en un equipo, donde en teoría todos luchan por lo mismo, hay personas capaces de conspirar contra ti. Y lo hacen porque te perciben peligroso, no para la sociedad, sino para sí mismos. Pero esa conspiración, si eres inocente, ni siquiera la hueles. Porque hay personas que funcionan como virus, se adentran en tu organismo sin que te des cuenta, se replican en una fase asintomática, hasta que al cabo del tiempo, estallan provocando un proceso catarral (y pesado sobre todo), para el que no existe remedio químico, pero que afortunadamente es autolimitado. Y digo autolimitado, puesto que tus defensas, que las pobres han pecado de inocentes y confiadas, finalmente acaban aniquilando al silente pero peligroso y amenazante virus. Y no solo eso, sino que tu organismo desarrolla una memoria inmunológica, para cuando otro ser unicelular y simple (de estructura y pensamiento), vuelva a intentar invadirlo, se le ponga freno incluso antes de replicarse en puras e idénticas copias de sí mismo. Busquemos la analogía junto a la madre naturaleza.

     Y termino, volviendo al proverbio de Machado, diciendo, que la envidia es sana, siempre que sepas gestionar sus sentimientos y tu instinto animal. Sino, acabarás con las manos manchadas de sangre, por una absurda ambición y objetivo, que, querido amigo, ni matando podrás alcanzar. Así que tiende la mano a tu compañero, rodéate de talentos, aprende, colabora, crece como persona, y alcanza tu meta por méritos propios, y no por estrategias ruines, puesto que si optas por ese camino, la mediocridad siempre será tu fuerte. 
     


30 ABRIL 2015

¡Sois imbéciles!




¿No lo escuchan ustedes? Quizá con otras palabras, pero en el fondo con el mismo sentido, muchos de nuestros políticos en el poder se dirigen a los andaluces aclamándolo día a día, mientras estos últimos permanecen impasibles, inalterables, inmutables, inconmovibles, imperturbables.

Abran bien sus ojos, afinen sus oídos e inténtenlo de nuevo. ¿No escuchan ustedes cada día la misma expresión? Pues aquí les dejo con un elenco de lo que diariamente escucho desde que abrí mis ojos hace muchos años:

- “¡Sois imbéciles!”, porque os creéis todo lo que os decimos sin comprobar su certeza, sin escuchar a los que realmente saben y acreditan sus afirmaciones.

- “¡Sois imbéciles!”, porque os quemáis luchando con cada árbol que os colocamos delante del bosqueque no lográis ver.

- “¡Sois imbéciles!”, porque no sabéis distinguir los hechos de las opiniones, y os manipulamos con extrema facilidad.

- “¡Sois imbéciles!”, porque hemos conseguido degradar los más elementales principios de la democracia, como la separación de poderes, hasta el punto de no saber distinguir entre los poderes legislativo y ejecutivo; ni siquiera percibís cuando un diputado del Parlamento -que os representa a vosotros- da explicaciones sobre actuaciones del Gobierno andaluz, sin pertenecer al mismo.

- “¡Sois imbéciles!”, porque al fin logramos que os haya dejado de importar el Estado de Derecho, y que veáis normal que lo violemos una y otra vez en nuestro beneficio, y haciéndoos creer que nada podéis hacer para restablecerlo.

- “¡Sois imbéciles!”, porque creéis que vamos a regenerar la democracia, y dejáis que un solo diputado –Luis Pizarro- cambie la voluntad de todo el Parlamento que os representa, sin reacción vuestra ni del Ministerio Fiscal, Defensor del Pueblo o Grupos parlamentarios, para exigir el restablecimiento de los derechos fundamentales infringidos.

- “¡Sois imbéciles!”, por creer que algún día cambiaremos el régimen y sistema electoral en Andalucía, permitiendo la igualdad de oportunidades a todos los partidos políticos y un verdadero control del poder por vosotros.

- “¡Sois imbéciles!”, porque nos hemos encargado de colocar a los nuestros como jueces y magistrados en los Tribunales de Justicia, sin haber hecho prueba u oposición alguna, consiguiendo que nos apoyen en sus actuaciones.

- “¡Sois imbéciles!”, porque tenemos intervenidos todos los órganos internos y externos de asesoramiento y control del Gobierno andaluz, para que respalden nuestras aberraciones.

- “¡Sois imbéciles!”, porque os convencemos de que estamos luchando contra la corrupción, sin necesidad de aprobar las medidas preventivas necesarias, creyéndoos que con el término “transparencia” está todo arreglado.

- “¡Sois imbéciles!”, porque desde el poder tenemos “compradas” las voluntades de casi todas las organizaciones civiles (empresarios, asociaciones, consumidores, medioambientales, etc.), que nos apoyan siempre que les necesitamos, en contra del interés general o incluso del particular que representan.

- “¡Sois imbéciles!”, porque hemos convertido el desempleo, que tiene el índice más elevado de Europa, en el mejor de los negocios para nuestro beneficio, con la ayuda de sindicatos y organizaciones empresariales.

- “¡Sois imbéciles!”, porque hemos devaluado tanto el sistema educativo en Andalucía, que vuestros hijos cada vez están peor preparados, como lo demuestra cada año el informe PISA, y no hacéis nada relevante para cambiarlo.

- “¡Sois imbéciles!”, porque os tragáis una radio y televisión pública andaluza con costes muy elevados, que marginan la información y la formación, y que está al servicio del poder.

- “¡Sois imbéciles!”, porque consentís unos servicios sanitarios de pésima calidad, que no revienta gracias a la buena voluntad de muchos profesionales sanitarios (médicos, enfermeros, auxiliares, etc.), y que podrían ser excelentes con una gestión adecuada.

- “¡Sois imbéciles!”, porque pagáis en Andalucía los tributos más elevados de España para colocar y mantener a nuestros familiares, amigos y conocidos en instituciones públicas al margen de los principios establecidos en la Constitución y las leyes, sobre todo en las administraciones paralelas, prescindibles por inútiles e ineficientes.

- “¡Sois imbéciles!”, porque os hemos dividido en muchos grupos con intereses diferentes para mantener intacto nuestro poder, y porque sois incapaces de organizaros para luchar contra nuestrasinmunidades.

- “¡Sois imbéciles!”, porque hemos degradado tanto a los funcionarios públicos que hemos conseguido el apoyo de muchos a cambio de promocionarlos en sus carreras, y así conseguir lo que queramos en nuestro particular beneficio.

- “¡Sois imbéciles!”, porque os estamos convenciendo de que la austeridad es un término a despreciar en lo público, en vez de considerarlo un valor, como ocurre en vuestras familias y empresas.

- “¡Sois imbéciles!”, porque os hemos convertido en nuestros “esclavos”, aniquilando vuestras capacidades de emprender a base de otorgaros subvenciones y ayudas de todo tipo, para haceros dependientes de nosotros y no sepáis vivir con libertad.

- “¡Sois imbéciles!”, porque estamos consiguiendo que cada vez queden menos medios de comunicación independientes, a fin de teneros desinformados y sin criterio, y no distingáis nuestros engaños.

- “¡Sois imbéciles!”, porque la cultura la imponemos nosotros, minimizando los espacios que deberían estar en manos de la iniciativa privada, de la sociedad.

- “¡Sois imbéciles!”, porque a base de “circo”, fiestas, ferias, festivales y romerías, os tenemos embaucados, para que no os revolváis contra nuestras acciones y omisiones.

- “¡Sois imbéciles!”, porque seguís siendo súbditos sometidos a nuestra caprichosa voluntad.

- “¡Sois imbéciles!”, en resumidas cuentas, porque demostramos día a día que no tenéis dignidad, ni como pueblo ni como individuo, si es que alguna vez tuvisteis alguna.

Y así todos los días, estos políticos desalmados se empachan de insolencia y prepotencia a costa de muchos súbditos andaluces, ciegos y sordos. 
¡Que sigan ustedes bien!

13 ABRIL 2015

La burbuja del AVE

Las líneas de alta velocidad no son rentables, pero los políticos ven en ellas una inversión tentadora

España es el país europeo con la mayor red de alta velocidad ferroviaria y en todo el mundo; sólo China supera los 2.515 kilómetros en servicio (a los que hay que añadir otros 1.200 en construcción). Según un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), por cada millón de habitantes hay 54 kilómetros, una cifra que supera, por ejemplo, a Francia, que cuenta con 31. Cosa bien distinta es el uso que los viajeros hacen del servicio. Por cada kilómetro operativo hay 11.800 pasajeros, muy lejos de los 61.400 de Francia, y a una distancia sideral de los 158.121 de Japón.

Ante este panorama, decir que “si hay un transporte público que tiene rentabilidad, no ya social, sino también económica es el AVE” parece una afirmación que descarrila. Pero así lo ve la ministra de Fomento, Ana Pastor, que ha defendido la viabilidad de la alta velocidad española, una red cuya implantación ha engullido alrededor de 50.000 millones de euros.

La red ferroviaria española necesitaba una modernización, eso era evidente. Ahora bien, no era preciso ejecutar tales mejoras a costes tan elevados, ni los diversos Gobiernos deberían ceder a la tentación de sacar rédito político de la magna infraestructura. Rajoy llegó a afirmar que son “raíles de prosperidad” y “vías de entendimiento”.

No han faltado, claro está, voces críticas que percibían una burbuja y aseguraban que el aluvión de líneas en construcción era un dispendio insuficientemente justificado. Sostienen que el elevado coste no compensa el beneficio social. Así lo ven Fedea y también el partido político Ciudadanos, que plantea dilatar los plazos de construcción de los tramos programados para reorientar recursos hacia la innovación.

Los datos demuestran que los corredores de alta velocidad no son rentables, pero los políticos ven en el AVE una inversión tentadora. En este 2015 cargado de citas electorales, está previsto que el tren veloz llegue a ocho capitales, un carrusel de inauguraciones que nunca vienen mal para pedir el voto. Hay que volver a pensar con racionalidad las dimensiones que debe tener la red de alta velocidad y guiarse por el principio del uso racional de los recursos públicos.

IGNACIO ESCOLAR

Periodista

La burbuja del AVE en siete claves

@iescolar 30 DIC 2012

1.- España es el primer país de Europa en trenes de alta velocidad y el segundo del mundo: solo nos gana China. Tenemos casi 2.900 kilómetros de vías funcionando, 1.700 kilómetros más en construcción y otros 3.700 kilómetros en proyecto o estudio. Francia tiene 2.037 kilómetros de alta velocidad y Alemania, donde compramos la tecnología para el AVE a Sevilla, apenas ha construido 1.000 kilómetros: casi la tercera parte que España.

2.- El desarrollo del AVE en relación a la población española es aún más disparatado. España tiene ya construidos 61 kilómetros de alta velocidad por cada millón de habitantes, es el récord mundial. Francia, el segundo país en esta clasificación, apenas llega a 31 kilómetros por millón. 

3.- Esta colosal infraestructura no ha salido barata. Sin contar las obras pendientes, España ya se ha gastado 34.000 millones de euros del dinero público en el AVE, el 3,4% del PIB. Es el equivalente a toda la inversión en I+D de tres años o 15 veces más de lo que ahorró la Seguridad Social con la última congelación de las pensiones.

4.- La inversión es mareante. Los resultados, frustrantes. La ocupación media de los trenes en servicio apenas alcanza el 55%: casi la mitad de los asientos van vacíos. El porcentaje es aún más ridículo si se tiene en cuenta que solo se está utilizando un 10% de la capacidad de la carísima red desplegada. 

5.- El AVE vendió el año pasado 22 millones de billetes. Es una cifra mediocre: solo Ryanair movió en España 30 millones de viajeros en el 2011, ocho millones más que nuestros carísimos trenes. La alta velocidad francesa, el TGV, vende al año más de 110 millones de billetes: cinco veces más que España con una red un 30% más pequeña. Los billetes del AVE son carosla comercialización de los viajes --sin subastas a la baja-- es anticuada y la red arrastra errores de bulto, como no estar conectada con los grandes aeropuertos. El único con estación del AVE es el ruinoso aeropuerto de Ciudad Real, todo un símbolo. 

6.- Invertimos cantidades disparatadas en estos trenes de lujo, pero falta dinero para otras líneas. Este año, Fomento va a cerrar una veintena de rutas de trenes de media distancia. ¿El ahorro? 51 millones de euros que dejará a muchas pequeñas ciudades sin tren. 

7.- También van a subir un 3% las tarifas para los Cercanías, esos trenes que usan las clases trabajadoras. Este servicio mueve al año 412 millones de pasajeros: 18 veces más que el elitista AVE. Sin embargo, las inversiones son mínimas en comparación, especialmente en CataluÑA. ¿La razón? La misma por la que el AVE tiene un control de equipajes con rayos X y el Cercanías no: que rara vez verán a un ministro viajando en el Cercanías. 

 

16 MARZO 2015 

Los nuevos líderes

NICOLÁS REDONDO TERREROS, EL MUNDO – 06/04/15

Nicolás Redondo Terreros

Nicolás Redondo Terreros

· La supervivencia de Podemos y de Ciudadanos no está asegurada más allá de la vida política de Pablo Iglesias y de Albert Rivera. La prueba evidente que confirma esta tesis es la actual situación de Rosa Díez y UPyD.

Las revoluciones se gestan en sociedades con líderes sobresalientes bajo determinadas circunstancias, mientras las revueltas son la obra de líderes fuertes seguidos por sociedades afectadas por el particularismo. Parece lo mismo pero no es igual. En las revoluciones las sociedades vibran, el presente se convierte en pasado de repente, todo se torna viejo y se somete a una impugnación general; cuando acaban ya nada es igual. Se diría que un maremoto ha pasado por la historia y esta se ve obligada a pasar página. En este caso los líderes se ven sometidos a unas fuerzas más poderosas que sus palabras y sus ideas, se ven abocados a plegarse a las fuerzas superiores o a ser guillotinados por éstas, a veces en el sentido más literal de la palabra. Las revueltas en cambio son iniciadas, en ocasiones propiciadas, por líderes a los que la sociedad sigue con la confianza ciega que se suele tener en los caudillos, la fuerza en este caso no reside en la sociedad, sino en los cabecillas y se prolonga mientras se pueda mantener su ímpetu; no es extraño que el grupo extenuado, después de epifanías intensas, vuelva a la situación previa sin haber consolidado ninguna novedad.

España es un país de revueltas, no de revoluciones; siempre oscilando entre el entusiasmo por nuevas empresas –antaño imperiales y actualmente de dimensiones muy domésticas–, y el urgente desengaño, entre la ilusión por volver a empezar y el aburrimiento que provoca lo imperfecto. Es en ese ambiente público donde enraiza el particularismo español: «Estado de espíritu en que creemos no tener por qué contar con los demás», descrito por Ortega y que tiene muchas semejanzas con el individualismo entendido por Américo Castro, aunque la pugna entre los dos intelectuales sobre el origen de tal característica española fuese muy dura y perdurable. Una sociedad atacada por el particularismo no entiende la necesidad de contar con las instituciones comunes para lograr sus deseos, que no son negociables, o todo o nada. Ese apego radical y fundamentalista a nuestras pretensiones hace inviable cualquier negociación, que siempre es entendida como un fracaso previo y debilita la cohesión de la sociedad.

Algunos pueden pensar que este es el mal de los nacionalismos periféricos y tienen razón, pero no sólo de ellos; la salida de la crisis económica ha sido un buen ejemplo de cómo ese comportamiento se extiende por la sociedad española. No hemos sido capaces de diseñar una salida global y única de la crisis económica; si nos mostramos atentos, veremos que han prevalecido los diseños de colectivos, de grupos determinados y las soluciones que tenían una naturaleza horizontal han sido contempladas a veces por la mayoría con desdén, con rabia, y siendo el Gobierno el principal responsable de lograrlo, no es el único culpable. Y es en ese ambiente en el que la fe en los jefes sustituye a la incapacidad para la abstracción en el ámbito público y a la confianza en el sistema. Por ello hemos sido un país de caudillos, de líderes fuertes, de personalidades sobresalientes, alrededor de los que gira toda la vida pública en la política, pero también en la cultura.

Hace tiempo que reflexioné en este sentido, sobre la falta de crítica en las formaciones políticas y la preeminencia de los liderazgos individuales sobre las organizaciones, los proyectos y las ideas. ¿Quién no ve una reflexión oportuna sobre hiperliderazgos de esta naturaleza cuando se analizan las vicisitudes del PSOE y la figura de Felipe González o las del PP y la personalidad de José María Aznar? En los momentos en los que González fue más pragmático y heterodoxo la contestación sólo la tuvo de los sindicatos, en su partido no pasaron de algunas revueltas de sobremesa que terminaban cuando salían del restaurante; y cuando Aznar mantuvo su posición de apoyo a EEUU en la guerra de Irak no tuvo más que alguna posición de rechazo personal, sin ninguna relevancia pública. Y su final político-partidario no ha sido especialmente cruel si tenemos en cuenta que la facultad de los liderazgos absolutos de «hacer sin límites», que son aquellos a los que se da respetando las reglas democráticas toda la autoridad sin contrapesos, suelen tener como consecuencia el abandono, el vilipendio y el ostracismo más cruel.

Ahora parece que soplan vientos de cambio, se habla de la nueva y la vieja política con frecuencia, aparecen con fuerza, aunque menor de la que pronosticaban las encuestas, nuevas formaciones políticas que entusiasman y atraen toda la atención mediática. Confieso que soy partidario de hacer una separación tajante entre la política, actividad entreverada de discurso y acción, y la politiquilla, que se sustancia oponiéndose a todo en las tertulias televisivas, y no entre la nueva y la vieja política; como soy partidario también de la buena literatura o de la buena música, desechando otras clasificaciones, probablemente más fáciles pero menos apropiadas.

Con este estado de ánimo que expongo aquí, me dispuse a analizar a los abanderados de «las nuevas» políticas representadas en Ciudadanos y Podemos, y hacer la prueba del nueve, suficientemente fiable aunque no totalmente exacta, y que no es otra que la definida por la relación entre sus liderazgos, la organización y el proyecto político que representan, admitiendo desde el principio las inmensas diferencias entre ambas formaciones. Los podemitas exhiben una retórica populista contra la que denominan «casta» y son partidarios de algo tan antiguo y tradicional como volver a empezar, para construir una realidad política que allí donde se ha podido llevar a cabo sólo ha provocado miseria y opresión; los partidarios de Albert Rivera son proclives a las reformas institucionales. Los primeros arraigan su acción política en creencias a pesar de su presunto cientifismo, los segundos en una experiencia contrastada en su pugna con el nacionalismo catalán, unos tienen la arrogancia de quienes creen representan a toda la sociedad y los otros la humildad de quienes saben que nunca representarán a todos. Los de Podemos impugnan total y radicalmente la Transición, entendiéndola como una claudicación de los demócratas ante los poderes fácticos y por lo tanto recuperan una especie de lucha trasnochada contra el franquismo, aún vivo en su imaginación, y los de Ciudadanos se declaran herederos «a beneficio de inventario» de los padres de la Constitución del 78.

Sin embargo en ambas formaciones políticas he podido constatar que el liderazgo sobresale, aún con más fuerza si cabe que en los partidos tradicionales, ante una decaída organización y un discurso vaporoso, indefinido, en el que podría caber todo el mundo. No es posible entender ni comprender Podemos y Ciudadanos sin Pablo Iglesias junior y Albert Rivera; son más necesarios para sus formaciones políticas que González o Aznar, no está asegurada la supervivencia de ambas formaciones más allá de la vida política de sus líderes, afirmación que está perfectamente demostrada con la peripecia del partido que fue pionero en la pretensión de arrumbar el bipartidismo: la UPyD de Rosa Diez que probablemente y tal vez injustamente, tenga los días contados.

No obstante, se me impone una cautela a mi propia reflexión: en ambos casos, más claramente en Ciudadanos, las urgencias de los votantes, necesitados de nuevas ofertas políticas, han provocado inevitablemente el fortalecimiento de los dos líderes; no había ni tiempo ni espacio para ofrecer una amplia gama de dirigentes conocidos, con una organización moderna, adaptada al siglo de las nuevas tecnologías, que impone nuevas formas de relación con los partidos políticos, todo ello sin menoscabo de sus contrapesos internos que aseguran su funcionamiento democrático y un ideario definido, que puede ser amplio sin dejar de ser concreto. Sin Albert Rivera era imposible distinguir a su partido en Andalucía. En el caso de Podemos, están obligados a confeccionar un discurso amplio y sin perfiles definidos, el que se dibuja entre «los de arriba y los de abajo», si quieren lograr el objetivo de superar el techo de IU, y ésto también sólo puede hacerlo un profesional de la política pragmático y un tanto descreído como es su líder, Pablo Iglesias. La cuestión, por lo tanto, se posterga hasta ver si estos nuevos líderes son capaces de distribuir el poder, de crear organización y concretar un ideario para la sociedad. Veremos si lo logran, aunque el tiempo corre en su contra, tic-tac, tic-tac, tic-tac.

Nicolás Redondo es presidente de la Fundación para la Libertad y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.




 24 marzo 2015

El cura de Trebujena


Quien ha dejado que la situación política actual continúe es la abstención del 37%, como ya se adelantó en estas páginas. No obstante, soy razonablemente optimista con las dos vías de agua abiertas en el barco pirata del Régimen -la de los sindicatos, muy hábilmente la han silenciado unos y otros-: se vislumbra en la lejanía una pequeña luz al final del túnel, que puede hacer de motor para que más personas vean las barbaridades que, por presunta acción u omisión, facilita el Gobierno andaluz de todos los tiempos llamados democráticos, aunque son de papel cartón.

En breve conversación con amigo de la juventud le decía lo difícil y lento que es el proceso de cambio de mentalidad, hasta que no interioricemos el concepto de ciudadanía, stricto sensu, exigiendo resultados al final de un periodo electoral y si no lo han cumplido, fuera, que entre otro más eficaz, en un juego democrático sano y constructivo donde los determinantes son la suma de las individualidades en el grado del bien común y los servicios prestados; mas nunca como determinados, vía compra de voluntades por el poder establecido.

Otro me decía que no conoceríamos nosotros a otros partidos en el Gobierno andaluz salvo a los de siempre. Le contesté que era inexorable: lento pero a un ritmo ascendente se plasmaba como seguro, por ley natural de fallecimientos de varias generaciones nacidas entre los años 30 y 50 a los que les calaba y funcionaba el discurso demagógico utilizado por los mandatarios andaluces.
A la postre, uno rezagado abundaba en el primer comentario, animándole yo a que en tres convocatorias futuras seguro, se veía el cambio y que empezaría, a corto plazo, por la investidura de Susánida. No dudó en espetarme que de cambio lento nada, que no han dudado ni una jornada en quitarles al PP 50 a 33 escaños. No puedo negarle el razonamiento ni el hecho. Si bien, el sentido crítico y la madurez del votante del centro derecha, ya liberal, ya conservador, no tiene nada que ver con el voto servil de los que se creen de izquierda cuando de izquierda no tienen nada.

Mi camarero favorito -hombre bueno y noble donde los haya, en sentido machadiano-, ante la pregunta de marras de qué te ha parecido el resultado de las andaluzas, muy serio e indignado -como yo-, ha soltado lo que ya dije hace tiempo: somos vasallos de nuestros chulos a caballo. Definitivamente, la Ilustración no ha iluminado a Andalucía y, menos, a sus gentes -nunca ha interesado: somos pre-kantianos.

Principios y valores

Las lecturas que vamos a ver en los próximos días van a ser circulares en torno a más de lo mismo: un partido que nunca ha gobernado en Andalucía es el más castigado -porque el aparato brutal de maquillaje visual es demoledor (no toca hueso) y el Cortijo La Juntilla es la mayor agencia de colocación y de subvención de Europa, además de tener un cuerpo electoral de una fidelidad y compromiso digno de secta-; sin olvidar la mentalidad de la sociedad andaluza conservadora -más bien, una dialéctica amo/esclavo- que nos ata a la posguerra, la legitimación de la presunta corrupción en antítesis a que vamos a "sufrir" a la derecha, y que dicha corrupción de dinero público se basamenta aquí pero no se permite en otros "de fuera"; o si me van a robar, que me roben los nuestros. Vamos: de indigentes mentales; pero, oye, que les funciona que no veas. Claro, ¿a quiénes y con quiénes?

Podríamos pensar que como dicha presunta corrupción abarca a tantísimos casos y tantos miles y miles de millones, no ha sido individual sino de miles de implicados e imputados que quedan por aparecer. Y, en la subversión de los valores más absoluta, muchos piensan que "el que no roba es porque no puede", sic: a Hacienda, al todo gratis, al me lo llevo, al a ver que puedo pillar, etc. Expertos en la picaresca. A los que no somos así, nos cuesta entenderlo; pero lo comento en una oración compleja:no interesa a nadie ningún cambio, no vaya ser que me pillen. Así de duro.

Asimismo, el estado de opinión es que el enchufe activo o pasivo (hembra/macho) no está mal visto -incluso en el sector público. Vamos a ver, señores, si una persona se pasa los mejores años de su vida encerrada en una habitación para aprobar unas míseras oposiciones, enviándola donde Cristo perdió el mechero; o si un pequeño o mediano empresario se hipoteca hasta los dientes y se lleva 12 horas trabajando es, -piensa "el sabio pueblo andaluz"- porque ambos son unos desgraciados que no se han arrimado al pesebre, esto va mal en la sociedad andaluza del siglo XXI y hay que tomar medidas correctoras a la voz de ya.

Un castigo selectivo

Ha sido indiscutible el castigo, por un lado, al PP por la falta de oposición y por las políticas nacionales. Los andaluces se han confundido de elecciones, por lo visto. Que el PP, en general, tiene que hacérselo mirar y cambiar de política comunicativa, como mínimo, es de urgencia, si no quiere desaparecer por C´s, porque la falta de memoria de los andaluces es un hecho, y que las ayudas multimillonarias del Gobierno no tienen eco, también. Los trileros saben muy bien rentabilizar la falta de cultura e información como las competencias económicas en Sanidad y Educación.

Por otro lado, a IU la han menguado por su pacto gubernamental, lo cual es un aviso a navegantes a Podemos como se acerque al PSOE. Las hostias unidireccionales dan que pensar...

Sólo me falta mencionar que no entiendo lo de UPyD: que no haya sacado ni un solo diputado; porque lo de Vox aquí, se veía venir. Definitivamente, están en coma profundo y UPyD ha dejado pasar la oportunidad de converger con C´s. Lo del PA es obvio, habida cuenta de que el andalucismo está en manos del PSOE-A; veremos a ver cómo Susánida se viste de roja y gualda ahora, con el verdulerío que ha desplegado.

Otras cosas evidentes

Que los que pensamos que Andalucía necesita -como la tierra el agua- una limpieza, una depuración de sus órganos decisorios, de gestión, etc., pero sobre todo una regeneración del partido en el Poder, somos una minoría: se ha visto en colorines, a no ser que la realidad duela y haya una distorsión de la misma. 

No lo ven así las personas que han votado al Régimen, entre los que están los grandes terratenientes andaluces con el PAC y las subvenciones; los de la red clientelar de primer, segundo, tercer y cuarto orden institucional; las empresas que son participadas y trabajan para el Régimen; la Andalucía profunda; los sindicalistas; los de las 200.000 viviendas; los miles y miles que viven a costa del pesebre; las 56.000 familias con todos sus miembros que votan para que siga el PER; los que se están preparando las oposiciones de las 1.200 plazas de Educación y las 1.000 de Sanidad, etc...

Perseverar en el desastre

Lo más gracioso es que aun siendo ellos los responsables de la situación en la que vivimos, les seguirán echando la culpa al PP o a Merkel. Las quejas, al maestro armero.

Con este andamiaje, ni los jóvenes que están van a tener un futuro, ni los 250.000 que se han ido van a volver. Es así, salvo que aprovechemos para que haya más personas indignadas y conscientes de lo que es evidente: necesitamos un cambio económico, laboral, cultural, sanitario, educativo y, sobre todo, de respeto por nosotros mismos.

Mientras tanto, los de siempre, que podríamos comportarnos como la inmensa mayoría de los andaluces -no hacer nada-, seguiremos denunciando los despropósitos de los dirigentes de esta tierra nuestra; si no morimos de pena antes, como el cura.

Coda: el cura de Trebujena, que murió de pena ajena.

16 MARZO 2015

Ciudadanos: el dilema de Albert Rivera

«Cataluña y los catalanes tendrían que haber sido piezas determinantes del progreso español»

·         Sólo cinco catalanes han gobernado España y el autor recuerda que ninguno con buen resultado. Cree que Rivera puede ser el que cambie la tendencia y traiga el entendimiento entre el Gobierno central y Cataluña

JORGE DE ESTEBAN*

El peso de Cataluña en el conjunto de España ha sido tradicionalmente muy importante en los terrenos económico y cultural, pero no ha sido así en el ámbito político. Sin embargo, el nacionalismo catalán ha condicionado negativamente la política española, como lo demuestra recientemente el periodo pujolistaque, encubriendo un amplio enriquecimiento ilícito, ha sido nefasto para nuestra democracia.

Es claro que tal circunstancia es llamativa, porque Cataluña y los catalanes, por su mayor desarrollo económico y cultural, tendrían que haber sido piezas determinantes del progreso español. Pero para ello era necesario que hubiesen participado en la dirección política del país, a través fundamentalmente de la Presidencia del Gobierno. Por supuesto, ha habido más 300 ministros catalanes desde los inicios del constitucionalismo, incluso algunos de ellos de gran influencia, como Laureano Figuerola, Francesc Cambó o Laureano López Rodó. Pero si nos atenemos a la cabeza del Ejecutivo -al margen del jefe del Estado- que fue creado por vez primera en el Estatuto Real de 1834, la cosecha ha sido más bien magra en un país en que cuenta tanto el origen local de los políticos. En efecto, si consideramos que en el periodo señalado ha habido más de 100 presidentes del Ejecutivo, únicamente han sido cinco los de origen catalán. No es extraño, por tanto, que algunos piensen que esta carencia podría ser una de las causas de eso que llaman «la falta de encaje de Cataluña en España».

Así, el propósito de este artículo es demostrar que el azar o ciertas circunstancias especiales, han impedido que haya habido algún gobernante catalán que hubiese podido, por decirlo así, llevar a cabo una cierta catalanización de España al mismo tiempo que hubiese comportado una mayor españolización de Cataluña. Sin embargo, ninguno de esos cinco pudo gobernar durante un periodo de tiempo suficiente para haber podido cambiar el país. Veamos cuáles han sido estos políticos tan efímeros y sus circunstancias.

El primer presidente del Consejo de Ministros de origen catalán fue Serafín María de Sotto, nacido en Barcelona, que estuvo en su cargo únicamente dos días, esto es, el 19 y el 20 de octubre del año de 1843. Encabezó un llamado gobierno relámpago, que se incrustó entre dos gobiernos del general Narváez y que fue impuesto por la Reina Isabel II siguiendo la inspiración de una monja, sor Patrocinio, y de su confesor el padre Fulgencio. La cosa fue tan chusca que duró únicamente 48 horas. El segundo caso fue sin duda el más importante de estos proyectos frustrados. Se trata de Juan Prim, nacido en Reus, que indudablemente puede ser considerado el político español más importante del siglo XIX. Como es sabido, fue el inspirador del cambio de dinastía en España que se concretó en la elección de Amadeo I de Saboya. Ahora bien, lo que pretendía Prim era algo revolucionario en nuestro país: crear una monarquía democrática y parlamentaria que hubiese situado a España en la vanguardia de los países europeos, pero su asesinato acabó con este gran proyecto catalán. El fracaso de la Monarquía de Amadeo I de Saboya convirtió a España en una república y precisamente el primer jefe del Ejecutivo de la misma fue otro catalán. En efecto, Estanislao Figueras y Moragas se hizo cargo del poder ejecutivo, sin que se le pueda considerar ni presidente de la República, ni presidente del Gobierno, puesto que no se llegó a aprobar el proyecto de Constitución de 1873. Pero tampoco este intento llegó a prosperar: los problemas que se acumulaban en España, la falta de acuerdo para superar la crisis institucional, las amenazas continuas de golpe de Estado, hicieron que Figueras abandonase no sólo su cargo sino también España, y sin avisar a nadie cogió un tren para París, exclamando antes una famosa frase que ha quedado en la Historia: «Señores, voy a serles franco: estoy hasta los ... de todos nosotros».

Nuevamente había que buscar otro jefe del Ejecutivo para sucederle y el nombramiento recayó en otro ilustre catalán: Francisco Pi y Margall, nacido en Barcelona. Precisamente, si éste fue elegido se debió en gran parte a sus ideas políticas y a su concepción federalista de España. Pero como una cosa es la teoría y otra la práctica, tampoco duró mucho tiempo en su cargo, puesto que acabó dimitiendo debido a la cantonalización en que se iba convirtiendo el proyecto de la España federal. Y llegamos así al quinto catalán que ejerció también por escasísimo tiempo el cargo de jefe del Ejecutivo de España. Ahora bien, este cargo fue muy especial, pues una vez estallada la Guerra Civil se creó en la zona nacional una llamada Junta Técnica del Estado, que estuvo primero presidida por el General Cabanellas, sucediéndole poco después por unos meses el General Dávila. En puridad, no se le podía considerar jefe del Ejecutivo porque ni siquiera en ese momento había un auténtico Estado, ya que España se había roto en dos zonas.

continúa

http://www.elmundo.es/opinion/2015/03/16/5505d7c9268e3ea24c8b4574.html


4 marzo 2015


El conflicto de intereses que plantea Podemos -los de arriba/los de abajo- ha calado entre los votantes

Sandra León profesora en la Univ. de York

Hace unas semanas, con motivo de la firma del pacto antiterrorista entre PP y PSOE, el popular Rafael Hernando pedía unidad a los partidos y criticaba que parte de la oposición rechazara el acuerdo por un mero “cálculo oportunista” (entiéndase electoral). Probablemente olvidaba que la ruptura de la unidad entre Gobierno y oposición en la lucha contra el terrorismo tuvo quizás su momento cumbre durante la primera legislatura de Zapatero y, en particular, en el minuto del debate parlamentario en el que Rajoy acusó al presidente de “traicionar a los muertos”, allá por mayo de 2005.

La dureza del mensaje de Rajoy de aquel entonces no era fortuita, sino fruto de una calculada estrategia de oposición, bautizada como la estrategia de la crispación (Informe de la democracia en España 2007), cuyo objetivo era debilitar los apoyos electorales del Gobierno. La fórmula consistía en crear un clima político de enfrentamiento permanente que desmotivara a parte del electorado socialista y lo condujera a la abstención. Los temas que los populares seleccionaban en la confrontación partidista eran poco ideológicos y de naturaleza más transversal, como la lucha contra el terrorismo (un fin que suscita el acuerdo entre la población) o la estructura territorial del Estado (cuya división no se organiza estrictamente en torno al eje izquierda-derecha). Al evitar temas electorales fuertemente ideológicos, como la redistribución de la riqueza o las cuestiones morales, se pretendía desactivar la ventaja fundamental con la que partía el PSOE: el hecho de que, según las encuestas, los españoles se consideren más progresistas que conservadores.

Aunque ha llovido mucho desde entonces, hay algo en la estrategia de oposición que siguió el Partido Popular durante el primer mandato de Zapatero que nos devuelve al tablero de competición electoral actual. El discurso de “arriba y abajo/lo viejo y lo nuevo” que domina el panorama político desde la irrupción de Podemos se caracteriza por formas y medios distintos a la estrategia de la crispación del PP, pero comparte curiosamente con aquella un mismo objetivo: desideologizar el discurso político para maximizar la capacidad de competición electoral, con algunas diferencias interesantes.

El Partido Popular promovió la desideologización del debate político como táctica para reducir la ventaja que proporcionaba al PSOE una opinión pública que estaba (y está) sesgada ideológicamente hacia el centro izquierda. Se trataba, por tanto, de desactivar la mayoría natural progresista que caracteriza el perfil ideológico de los ciudadanos en España.

Lo interesante de la estrategia electoral de Podemos es que no pretende desactivar (ni activar) mayoría ideológica alguna, sino construir una nueva mayoría en torno a un nuevo eje de competición —élites frente a ciudadanos— que le permita, paradójicamente, recabar apoyos de sectores del electorado que de entrada pueden sentirse ideológicamente alejados del partido.

 

La ambición de Podemos en su objetivo de desideologizar la competición partidista es de un alcance mucho mayor que la de los populares. El PP intentó minimizar el peso de la ideología en el voto de los ciudadanos dirigiendo la agenda pública hacia temas de carácter más transversal y con un discurso negativo y confrontacional. El partido de Pablo Iglesias, en cambio, no solo pretende reducir el peso del eje izquierda-derecha seleccionando temas menos ideológicos (como la lucha contra la corrupción), sino que aspira a su